miércoles, 31 de agosto de 2016

El acceso al agua potable es un problema de justicia social

El Papa ha denunciado ante científicos que el acceso al agua potable es un problema de "justicia social" y ha elogiado la labor de los que se ocupan de la "compleja y maravillosa actividad de escrutar el universo, don incomparable del Creador".

Francisco ha hecho estas consideraciones durante la audiencia a los participantes de la Escuela de verano de Astronomía del Observatorio Vaticano, organizado por la orden de los Jesuitas.
Para el Papa la cualificada participación de personas procedentes de "varios países y diferentes culturas" es la prueba de cómo la "diversidad puede enriquecer también el trabajo de investigación en el ámbito científico".

Sobre el deseo de comprender el universo ha destacado que es algo "común a hombres y mujeres que viven en contextos culturales y religiosos diferentes".

El tema de estudio es el agua en el sistema solar y el Papa ha incidido en lo "esencial que es el agua en la tierra". Y ha agregado: "El agua nos fascina con su poder y al mismo tiempo con su humildad". Así ha denunciado que hoy el acceso al agua pura es un problema de justicia social".

El papa León XIII fundó el Observatorio Vaticano en 1891, hace 125 años. Francisco ha señalado que en estos años, esta institución científica ha realizado "las finalidades para la que ha sido querida, sirviéndose de nuevos instrumentos, como también del diálogo y del debate con otros centros de investigación".

En el Congreso de la SER

Nuestra compañera Verónica Cruz en el Congreso europeo de la Sociedad de Restauración Ecológica en Freising (Alemania).


Sequía y desertificación, grave amenaza en México

Como una situación que parece irreversible, aun con la aplicación de medidas para prevenir o mitigar la desertificación y la degradación de tierras, estos procesos se incrementarán a mediano plazo, por lo que representan una verdadera amenaza no sólo para México, sino a escala mundial, señaló Oralia Oropeza Orozco, del Instituto de Geografía (IGg) de la UNAM.

Con motivo del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, subrayó quelas mejores medidas para evitar esa situación son las preventivas, como el mejor uso del agua y la conservación de la productividad de los suelos.

Además, la creación de mecanismos de gestión participativa que involucren a todos los sectores es básica, particularmente en lo que concierne a las localidades pequeñas, a los grupos marginados y a comunidades indígenas; de igual manera, se debe incluir a los políticos y tomadores de decisiones.

“No debemos culpar al cambio climático global para justificar la toma de decisiones equivocadas y la falta de políticas públicas holísticas y de una verdadera planificación”, subrayó.

Según cifras de instituciones oficiales, alrededor de 120 millones de hectáreas de suelo han sido afectadas por la desertificación.

“Se deforestan aproximadamente 500 mil hectáreas al año; la desertificación y degradación de tierras daña dos de cada tres hectáreas, lo que ha provocado menor superficie agrícola y forestal. De hecho, la producción se reduce a menos de un décimo de su potencial en los bosques y selvas nacionales”, detalló.

El 93 por ciento de ese proceso ha sido causado por malas técnicas de manejo, como el sobrepastoreo, el aprovechamiento forestal sin planeación, el uso inadecuado y excesivo de maquinaria, la aplicación de agroquímicos, la roturación incorrecta, el laboreo excesivo o la mala aplicación del riego, así como la urbanización y las actividades industriales. “Se estima que cada año entre 300 mil y 400 mil personas migran de sus terrenos infértiles”, refirió.

El 90 por ciento del territorio tiene problemas de degradación de tierras; 47 por ciento grado severo y extremo y 65 por ciento son tierras secas. En suma, más de la mitad está afectado por la desertificación.

A nivel mundial, esta última impacta a tres mil 600 millones de hectáreas (25 por ciento de la superficie terrestre); en consecuencia, 110 países están en riesgo. Cada año se pierden 12 millones de hectáreas que podrían producir 20 millones de toneladas de granos y 42 mil millones de dólares en ingresos.

Un error que se presenta al referirse al concepto de sequía es que se confunde o se utiliza como sinónimo de aridez y desertificación.

La sequía es un estado temporal de bajas precipitaciones. La aridez se refiere a un rasgo permanente del clima, mientras que la desertificación se define como la degradación de tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas; es el resultado de diversos factores como las variaciones climáticas y las actividades del hombre.

“Ya empieza a haber problemas alimentarios, en África sucedió en 2011; lo que más asusta es que desde ahora, aunque tomemos medidas preventivas, vamos a tener consecuencias graves, porque se ha afectado mucho el planeta. La tendencia es que aumenten estos procesos y las repercusiones sean graves en el futuro”, apuntó.

En 1994, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 17 de junio como el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía para despertar conciencia en torno a esa problemática; de igual manera, puso en marcha la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) en países afectados por graves sequías, por desertificación, o por ambas, en particular en África.

De la misma forma, el organismo declaró al periodo 2010-2020 como el Decenio de las Naciones Unidas para los Desiertos y la Lucha contra la Desertificación (UNDDD).

Fuente: iagua

Las aportaciones de Fernando Baró en hidrología forestal y geografía ecológica

Siendo enorme la aportación de Baró en lo referente a transportes forestales, fue también muy destacada en otros campos de la ciencia. Por ejemplo, en hidrología forestal: Baró pronunció en 1917 tres célebres conferencias hidrológico-forestales en el Ateneo de Madrid, que fueron publicadas ese mismo año (La corrección de torrentes y aludes en España), constituyendo el primer libro español sobre teoría de corrección de torrentes y aludes, que aún influyó mucho, décadas después, en la clásica obra de referencia de la hidrología forestal española, la de José María García Nájera (1962). Es también muy brillante el artículo que bajo la entrada “Torrente” publicó Baró en 1928 en el tomo 62 de la celebérrima enciclopedia Espasa, de la que fue colaborador. Resulta muy justificado, por tanto, que Baró fuera asesor de la sección de Hidráulica Torrencial del Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias (IFIE) entre 1927 y 1932.

Aún destacó más Baró en cuanto a la geografía forestal y ecológica, ya que presentó en el famoso Congreso Forestal Internacional de Roma (1926) su importantísimo Bosquejo geográfico-forestal de la Península Ibérica, que incluye dos mapas completamente originales, uno termopluviométrico y otro edafológico, a partir de los cuales forma un mapa de regiones forestales. De los tres, el más valioso es el mapa de suelos, que no es una mera síntesis de los esquemas anteriores de Ramman y de Dantín Cereceda, sino que los supera usando nuevas tipologías y un grado mucho mayor de detalle. La crítica geográfica actual reconoce de manera unánime al de Baró como el primer mapa científico de suelos de España, anterior en doce años al de Huguet del Villar (1938), que fue mucho más conocido, pero mucho menos original, pues con toda evidencia se basa en el mapa de Baró sin citarlo.

Texto extraído del artículo de la revista Montes:
Pérez-Soba, I.; 2015. Fernando Baró Zorrilla (1877-1959). Un trabajador incansable y polifacético. Revista Montes, 120: 63-67.

Sobre mapas de suelos

Los mapas de suelos que hay actualmente en España "sirven para colgar de la pared, pero no para planificar". Así de rotundo se muestra Jaume Porta, catedrático emérito de Edafología en la Universidad de Lérida y presidente de la Sociedad Española de la Ciencia del Suelo (SECS), entidad que reúne a más de 500 especialistas en la materia. Una situación que revela que el suelo es el gran olvidado en nuestro país, quizá porque el lapso de tiempo que transcurre desde que empieza su degradación hasta que el problema se percibe suele ser largo, explica Jorge Mataix, del Grupo de Edafología Ambiental de la Universidad Miguel Hernández. La única región que cuenta con un mapa de suelos a escala 1/25.000 es Navarra, mientras que Cataluña y Galicia trabajan en uno de 1/50.000. "A nivel estatal, el de escala 1/250.000 ni siquiera está actualizado", resume Porta. No ocurre lo mismo en Europa, donde el 50% de los países cuenta con mapas de suelo escala 1/50.000, aunque el más avanzado es Estados Unidos, con mapas de suelo escala 1/22.000 de todas las zonas privadas.

"Es importante saber qué tipos de suelos tenemos en cada lugar y en qué condiciones, y más en un país como el nuestro que tiene gran diversidad de suelos", explica Mataix. La razón por la que en España no se ha avanzado en la cartografía de suelos habría que buscarla básicamente en el dinero: "Obtener información de suelos es caro y lento".

Desde la Sociedad Española de la Ciencia del Suelo reclaman que en los Presupuestos Generales del Estado haya una partida para el fomento de la información del suelo. Como estimación, un mapa edafológico para el conjunto de España podría estar en torno a los 90.000 millones de euros. Conscientes de las elevadas cifras, desde la SECS piden al menos que se empiece por crear una agencia especializada para poder ir recabando toda la información dispersa que existe, pero que no es oficial.

La falta de datos autorizados hace que esta entidad no se atreva a dar un dato para España de la afección de los suelos por la erosión o la desertización. "Sabemos que el problema está ahí porque en nuestros trabajos de campo lo vemos y lo medimos a una escala pequeña, pero no podemos aventurarnos a dar cifras", dice Mataix.

La predicción apunta a que Andalucía, Valencia y Murcia son las regiones con los suelos más degradados. Los datos a nivel mundial de la FAO hablan de que el 33% de los suelos del mundo están degradados y cada año se pierde una superficie de suelo equivalente a la extensión de Costa Rica. En Europa, se pierden 11 hectáreas de suelo cada hora en pro de la expansión urbanística. Hay que tener en cuenta que el suelo es la capa más superficial de la Tierra, aproximadamente los dos primeros metros bajo nuestros pies, aunque la capa oscura (con más materia orgánica), que es la que está en la parte superior del suelo y la más fértil, solo tiene unos 30 centímetros en los suelos españoles (en la Pampa argentina puede llegar a 60 cm). Pero de esta franja de dos metros procede el 95% de los alimentos que consumimos y alberga el 25% de la biodiversidad del planeta.

Como destacaba estos días un estudio en la revista Science, el principal agente para la degradación de los suelos es la agricultura. En el caso de España, explica Porta, "no conozco un solo regadío que tenga un sistema de monitorización para saber qué está pasando". Conocer el tipo de suelo es importante porque, un suelo con sales, por ejemplo, impide que las plantas absorban agua y produzcan; de la misma forma un suelo degradado va perdiendo partículas.

Revertir la degradación a veces es tan sencillo como hacer bancales, en lugar de quitarlos, para mecanizar el campo con el consiguiente aumento del agua de escorrentía, o recubrir el suelo de hierba para mejorar su textura y que el árbol tenga mayor suministro de agua. "Medidas de corrección de suelos hay, pero hay que implementarlas y tener en cuenta que cada pequeña acción individual nos lleva a la sostenibilidad o a la degradación progresiva", dice Porta.

Según apuntan desde la SECS, es necesario para el futuro apostar por la regeneración de suelos antes de buscar nuevos terrenos que poner en cultivo o, como alternativa, urbanizar solo en suelos ya degradados, puesto que la superficie agrícola de calidad es escasa. En este sentido recuerdan el caso de Inglaterra, donde en los años 90 el Gobierno se marcó como objetivo para el año 2008 que un 60% de las nuevas construcciones se llevase a cabo sobre suelo ya desarrollado, evitando con ello el sellado permanente de nuevos suelos de buena calidad. En 2001 lo habían conseguido.

El profesor Porta cree que hay que acabar con lo que él llama "la permisividad silenciosa frente a la degradación de los suelos". Y por eso en este 2015, declarado por Naciones Unidas como Año Internacional de los Suelos, desde la SECS trabajarán para poner a los suelos en el lugar que merecen. De la misma forma que tenemos mapas geológicos y de recursos minerales, es importante contar con buena cartografía de suelos, argumentan.

La degradación de los suelos afecta a la seguridad alimentaria y por ende a la paz mundial. En este sentido, Porta recuerda que la crisis del Sahel se desencadenó por la llegada de un periodo seco tras uno húmedo, en el que se había desarrollado de un modo no sostenible la agricultura y se habían puesto más hectáreas en producción. Cuando llegó el periodo seco se dejó de producir. Rememora también que una de las causas de la decadencia de la próspera civilización de la antigua Mesopotamia fue la salinización de los regadíos.

Fuente: ABC, Araceli Acosta

Libro: Más claro: agua

Damos publicidad a este libro de nuestro amigo Manuel Mateos de Vicente.

Hidrofobicidad del suelo después de incendios

Un estudio llevado a cabo en el área forestal de la Sierra de Sevilla por expertos de la Universidad de Sevilla y la Universidad Miguel Hernández, con la colaboración de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (Morelia, México), pone de manifiesto que incluso incendios de poca severidad son capaces de inducir hidrofobicidad en el suelo y que esta situación puede mantenerse durante varios años después. Cuando ocurre esto, la restauración natural de la vegetación y la recuperación de las propiedades iniciales del suelo son más difíciles.

En el caso del área forestal de la Sierra de Sevilla, la hidrofobicidad se redujo progresivamente hasta recuperar las condiciones iniciales 4 años después del incendio. Durante este tiempo, los horizontes inferiores del suelo permanecieron prácticamente secos a pesar de las abundantes lluvias. Este hecho ha dificultado enormemente la recuperación natural de la vegetación, que cuatro años después del fuego no se ha recuperado en absoluto.

La hidrofobicidad del suelo limita la infiltración del agua. De este modo, cuando llegan las primeras lluvias del otoño, la formación de escorrentía y el riesgo de erosión aumentan significativamente. Además, en estos casos, el agua sólo puede penetrar en el suelo a través de grietas o macroporos en la superficie del suelo, produciendo vías de flujo preferencial.

“Los resultados del trabajo nos han permitido comprender mejor la dinámica de los procesos de infiltración en suelos quemados, así como a confirmar la importancia de incluir estos estudios en los planes de restauración forestal”, destaca el profesor de la Facultad de Química de la Universidad de Sevilla Antonio Jordán.

Cuando el agua se infiltra a través de estos puntos, una parte importante del suelo permanece seco a pesar de la lluvia, lo que limita el suministro de nutrientes a las raíces, dificulta la regeneración natural y causa otros impactos sobre la flora y los procesos hidrológicos en la zona quemada.

“La evolución en el tiempo de este fenómeno ha sido poco estudiada en suelos afectados por incendios, de modo que la investigación es necesaria para facilitar la toma de decisiones por parte de los responsables de los planes de restauración”, hace hincapié la investigadora Nancy Alanís, de la Universidad de Michoacana.

“Hemos comprobado, en primer lugar, que el impacto del fuego no es homogéneo ni en el tiempo ni en el espacio. La intensidad de la combustión es muy variable espacialmente, por lo que la combustión de la vegetación y la materia orgánica del suelo, la cantidad y las características de las cenizas y sus consecuencias sobre el suelo y los procesos hidrológicos pueden variar incluso a escala de centímetros. En el caso de la ceniza, por ejemplo, una combustión intensa produce la aparición de ceniza blanca, hidrofílica (no dificulta la infiltración del agua) y formada principalmente por compuestos minerales, lo que constituye un aporte de nutrientes al suelo en un momento en que las plantas los necesitan especialmente. Si la combustión es menos intensa, se forma ceniza oscura, rica en compuestos orgánicos y de carácter hidrofóbico. La distribución espacial de un tipo y otro de ceniza genera respuestas y patrones complejos en el suelo”, añade esta investigadora.

Por otro lado, los resultados del estudio señalan que la intensidad de los cambios y sus consecuencias en el medio ambiente dependen de las propiedades del fuego, del suelo, la vegetación, la temperatura y la humedad en el momento del incendio. De este modo, una adecuada gestión de la zona quemada debe conocer por un lado cuál es la intensidad de los impactos para decidir si es necesario llevar a cabo trabajos de restauración o solo de vigilancia, y por otro, la variabilidad espacial de los impactos ya que si los efectos del fuego en un área no son homogéneos es posible que se requieran medidas de gestión y restauración complejas.

Fuente: iagua

lunes, 11 de julio de 2016

Fotos del II Encuentro sobre RHF Uva-UCAV

Aquí os dejamos algunas fotos del II Encuentro sobre Restauración Hidrológico-Forestal organizado por la Universidad de Valladolid y la Universidad Católica de Ávila y, en concreto, por el grupo de investigación conjunto Forest, Water and Soil. La jornada resultó muy interesante desde el punto de vista científico, y muy amena en lo personal. Esperamos poder organizar pronto el III Encuentro.




















miércoles, 6 de julio de 2016

II Encuentro sobre restauración hidrológico-forestal UVa –UCAV

PROGRAMA DEFINITIVO

9:00- 9:15 h Recogida documentación
9:15-9:30 h Presentación de la Jornada Miguel Ángel Zalama.  Director del CTRI. Felipe Cano. Subdirector del CTRI
9:30-10:30 h Recursos hídricos en la Caatinga, el bosque semiárido brasileño
Dra. Eunice Maia Andrade. Prof. Hidrología. Dpto. de Ingeniería Agraria. Universidad Federal de Ceará (Brasil)
10:30–11:30 h Comunicaciones:
- Correlación entre el cociente de la evapotranspiración real y potencial y los contenidos de c en suelos cultivados y forestales.
Eugenio Cobertera de Ezquerra
- Procesos hidrológicos superficiales en zonas inundables de Paraguay. Aplicaciones al manejo de fincas ganaderas.
Verónica Cruz-Alonso
- Diques de tierra en restauración de cárcavas. Una propuesta a partir de técnicas tradicionales
Sergio Galicia López
- Proyecto de recuperación paisajística de la explotación minera a cielo abierto "La Mora", en el término municipal de Cabrillanes (León)
María Cristina Gil Fernández
11:30-11:50  h Descanso
11:50-12:50  h Manejo del programa SWAT para la emisión de sedimentos en cuencas
Dr. Rubén Fernández de Villarán San Juan. Prof. E.T. Superior de Ingeniería. Universidad de Huelva
12:50-13:20 h Visita Museo del Tratado
13:25-14:25 h Comunicaciones:
- Recuperación del hábitat del visón europeo (Mustela lutreola) en la ribera del río Ebro (Agoncillo, La Rioja).
Adilia Iturriaga Ruiz
- Efectos sobre el suelo y la vegetación de la restauración de las cárcavas de Tórtoles (Ávila) después de 50 años
Jorge Mongil Manso
- Notas hidrológicas sobre cómo los ingenieros de montes afrontaban las restauraciones del s. XIX y principios del XX
Joaquín Navarro Hevia
- La metodología como factor determinante en la evaluación de la efectividad de diques gavionados.
Iván Ramos-Diez
14:30-14:45 h MESA REDONDA
15:00-16:00 h COMIDA

miércoles, 29 de junio de 2016

El cuidado de la casa común

Los grandes problemas ambientales: cambio climático, desertificación, la cuestión del agua, la deforestación... Será el tema de la charla que ofrecerá Jorge Mongil en este curso de Verano de la Universidad de Extremadura. Será el 1 de julio a las 10,30 h en Cáceres.

II Encuentro sobre Restauración Hidrológico-Forestal UVa-UCAV

¿Por qué se está desertizando España?

El pasado día 17 era el primero para tomar conciencia sobre la desertización en el mundo. Un proceso por el cual una tierra fértil se convierte en improductiva, camino de llegar a ser un desierto de arena como el Sahara o la mayor parte de la península arábiga.

Evidentemente, una parte de la desertización se debe a los cambios climáticos. Hace unos 8.000 años el Sahara era verde. ¡8.000 años! Nada en la escala geológica. Los cambios en el clima y en la vida en la Tierra suelen ser bruscos. Este cambio se debió a una variación de la circulación oceánica provocado por la deglaciación del planeta.

Pero otra parte muy importante, la desertificación, se debe a la acción humana. Allí donde cae poca lluvia o esta es muy estacional, el agua debe almacenarse en el subsuelo, en acuíferos subterráneos. Para esto no debe haber escorrentía, el agua no debe deslizar ladera abajo, sino permear el suelo. Y para esto lo esencial son los árboles. Con sus hojas frenan la intensidad del golpe de la gota de agua, y con sus raíces permiten al agua detenerse, no caer ladera abajo y permear el suelo.
                             

Una parte de la desertificación de España se debe a la tala de árboles para la marina hace ya siglos, el pastoreo de millones de ovejas, las fundiciones a base de carbón vegetal, las traviesas de los trenes y las calefacciones hogareñas. En el norte de Europa, los árboles alcanzan 15 metros de altura y diámetros de medio metro en un plazo de unos 10 años. En España se necesitan 100 años para ello. Si se agotan los recursos a base de destruirlos por encima de la tasa de reposición (muertes/nacimientos hoy en España, por ejemplo) se precisa esperar miles de años, en el caso de los árboles, para volver a la situación de partida.

Hay árboles que vuelven a crecer tras un incendio. Pero otros no lo hacen. Entre estos están los pinos, que solo se propagan por semillas. Los grandes incendios de la costa mediterránea han ido, en estos últimos 40 años, añadiendo su tremenda contribución al avance de la desertificación en nuestro país.

Una vez desaparecidos los árboles, las lluvias torrenciales empiezan a arrastrar un suelo que ya no está anclado por las raíces. Al desaparecer la capa superficial de suelo, aparece la arena y la roca. En ellas solo crecen matorrales de raíces superficiales, que no retienen suelo ni agua cuando llueve.

Al ir desapareciendo el suelo fértil, las lluvias torrenciales ocasionales empiezan a producir cárcavas. Los lectores de este blog saben que insisto mucho en los procesos no lineales cuyo mejor paradigma es que el rico se hace más rico y el pobre, más pobre. En los procesos no lineales los efectos de las causas se amplifican por realimentación positiva. Así, en las cárcavas las pendientes son muy pinas, de manera que agua se desliza por ellas a gran velocidad, aumentando su capacidad de erosión y arrastre del suelo. Las cárcavas se convierten en barrancos y estos, en cañones.

El desierto crea desierto.

En las laderas mediterráneas, como bien explicaba Millán Millán, meteorólogo jefe de la Comunidad Valenciana, el vapor de agua que entra desde el mar y asciende por ellas necesita el aporte de un poco más de vapor para saturar y precipitar en forma de lluvia. Ese algo más de vapor lo proporcionaban los árboles de la cadena costera. Cuando han ido desapareciendo loa árboles, por incendios, o siendo talados para hacer urbanizaciones, ese gramo de vapor de agua ha dejado de añadirse al aire del mar. Este aire asciende por las laderas, se enfría, pero no satura, y vuelve al mar sin dejar lluvia: el terreno se seca cada vez mas, y finalmente, se desertifica.

La desertificación la estamos haciendo nosotros. Añadida a la desertización por causas naturales, genera problemas sociales muy graves. Esta misma desertificación añadida al cambio de los regímenes de lluvia en el Sahel, al sur del Sahara, el embalsamiento de las aguas del Tigris y el Éufrates en Oriente Medio, y procesos similares en toda la Tierra, están disminuyendo el agua de que dispone una población humana creciente.

La escasez de agua genera hambrunas y guerras, y ambas producen emigración. Se quiere parar ésta con barreras, vallas con cuchillas, lanchas con ametralladoras...

Imposible.

Cuando los seres humanos deciden moverse no se les puede detener a medio plazo.

Tenemos cambio climático, avance de los desiertos, escasez de agua.

A veces, los jurados de los premios atinan (rara vez, pero a veces lo hacen). Esta vez el premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional ha recaído en la ONU, por sus esfuerzos para frenar el Cambio Climático. La Fundación BBVA lleva ocho años dando un premio individual a quien más haya hecho contra ese Cambio Climático. Hasta el mismo Papa llama a combatirlo.

Y... ¿podemos hacerlo? ¿Nos conviene hacerlo?

Hay una parte de Cambio Climático que hemos producido y ya es irreversible, como el deslizamiento de los hielos del Mar de Ross en la Antártida hacia el agua. Pero podemos frenar el Cambio Climático que aún está avanzando, antes de que la situación pase de preocupante a espantosa. Tenemos todas las herramientas y técnicas para ello, desde energías renovables a reducción radical del consumo de energía en las ciudades y los transportes.

Cualquier nueva tecnología implica un crecimiento brutal del número de trabajadores. España necesita unos miles más de molinos de viento, y cubrir al menos 4.000 kilómetros cuadrados, 400.000 Ha, de celdas solares y centrales solares térmicas, pero no solo eso: se necesita aislar del frío y del calor todas las viviendas y reducir, a la mitad, el consumo energético en los transportes de personas y mercancías entre ciudades y dentro de las mismas. Se puede hacer, tenemos toda la tecnología necesaria para ello. Y hacerlo precisa millones de trabajadores, no para producir manos muertas, que es lo que son los edificios, que una vez construidos no producen ni más riqueza ni más trabajo, sino para montar sistemas que siguen produciendo energía, es decir, riqueza, en cuanto están terminados y a lo largo de décadas o incluso siglos.

Si conseguimos frenar el avance del Cambio Climático, podemos aprovechar las lluvias suaves para plantar masivamente árboles en España, y sobre todo, para cuidar los bosques, manteniéndolos siempre libres de maleza y leña seca, para evitar los incendios. Necesitamos plantar al menos 100.000 kilómetros cuadrados (km2) de árboles, un quinto de la superficie de España. Podemos calcular un círculo con un radio de tres metros por árbol: 25 metros cuadrados, por redondear a una cifra cómoda. Un kilómetro cuadrado es un millón de metros cuadrados. Dividido entre 25 da 40.000 árboles por km2. Por 100.000 km2, tenemos cuatro mil millones de árboles. Plantar estos árboles y sobre todo cuidarlos para que crezcan y mantener los bosques exige un número muy elevado de trabajadores cuyos salarios se compensan por la mejora ambiental de todo el país.

España, un territorio camino de la desertificación


La Sierra de Gádor (Almería), ejemplo de desertificación heredada. JAIME MARTÍNEZ

Suelos pobres en nutrientes, laderas escarpadas, clima semiárido, sequía estacional, extrema variabilidad de lluvias y fenómenos como la gota fría son características propias de varias zonas españolas. Si a estos factores, además, le sumamos los incendios forestales que asolan nuestro país, el sobrepastoreo, la excesiva explotación de los acuíferos y el abandono de tierras agrícolas tenemos el cóctel que convierte a España en el país europeo con mayor riesgo de desertificación.

La ONU, que celebra el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación el 17 de junio, define la desertificación como «la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas resultante de varios factores, incluyendo variaciones climáticas y las actividades humanas». Supone un complejo proceso que afecta al suelo, la vegetación y la fauna y que resulta en una disminución de la fertilidad del terreno, reduciéndose la capacidad productiva de los ecosistemas.

Y no es un problema que al que haya que restarle importancia. En España, un 75% del territorio se encuentra en zonas susceptibles de sufrir desertificación, y un 20% ya lo ha hecho, y el cambio climático sólo agrava esta situación. Fernando T. Maestre, profesor titular de Ecología en la Universidad Rey Juan Carlos e investigador principal del Laboratorio de Ecología de Zonas Áridas y Cambio Global en dicha universidad, explica que, al haber menos disponibilidad de agua por el aumento de temperaturas, será mayor la aridez y la erosión, por lo que se reducirá la productividad agrícola. «Es probable que disminuyan la extensión de las tierras cultivables, la duración de las temporadas de cultivo y el rendimiento potencial de muchas zonas».


Olivar erosionado en Córdoba, ejemplo de desertificación activa. JOSÉ ALFONSO GÓMEZ

Las consecuencias de la desertificación plantean una grave cuestión de seguridad alimentaria a nivel planetario. Monique Barbut, secretaria ejecutiva de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, advierte que, dado el aumento demográfico previsto para 2050, será necesario incrementar la producción en un 75% para abastecer esa población. «El 60% de los terrenos agrícolas de todo el planeta están degradados, más de 2.000 millones de hectáreas. Si se recuperasen 500 millones de hectáreas, sería posible asegurar el alimento a nivel global». Para España también supondrá un empeoramiento de las migraciones, como se planteó en el Consejo de Seguridad de la ONU de mayo de 2016. «España se verá afectada por los flujos migratorios que provoquen los millones de personas que huyan de sus hogares porque no puedan obtener alimento de sus tierras», indica.
Detectar la desertificación

El proceso comienza con la destrucción de la cubierta vegetal. A mayor cobertura vegetal, mayor fertilidad del terreno y menor erosión. Sin embargo, dado que la desertificación depende tanto de factores naturales como humanos, la velocidad a la que va a producirse no se puede determinar. Maestre sostiene que será más rápido en una zona con elevada pendiente donde se haya perdido la cubierta vegetal que en una más llana que no haya sufrido sobrepastoreo. «Pero la desertificación puede producirse en poco tiempo si confluyen las condiciones adecuadas para ello».

El investigador Jaime Martínez Valderrama, de la Estación Experimental de Zonas Áridas de Almería, desarrolló en 2013 un método para calcular el riesgo de desertificación y un mapa de condición de la tierra por encargo del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. En el primer caso, simularon distintos escenarios con modelos de simulación numéricos para hacer estimaciones sobre la evolución de cada uno de los paisajes de desertificación de España, descritos por el MAGRAMA. En cuanto al mapa de condición de la tierra, este se basa en el concepto RUE (Rain-Use Efficiency), que determina la eficiencia en el uso del agua. «Este ratio refleja la cantidad de biomasa que se produce en un lugar según el agua que cae», explica. Se compara con lo que debería haber producido si el terreno estuviese sano y cuanto más se aleje de la producción potencial, más degradado está ese territorio.
Lucha contra el problema

La restauración forestal en España comenzó en la segunda mitad del siglo XIX. Desde que se inició la repoblación forestal de tierras degradadas se han recuperado cinco millones de hectáreas (un 10% del territorio español). Tres cuartas partes de esa cantidad han sido con fines de protección. «La repoblación se hace fundamentalmente con pino carrasco, pero debería anteponerse la prevención a la recuperación, que es complicada y costosa», indica Maestre. Además también se realizan ramblas para contener la erosión, se añade compost al suelo para aportar nutrientes o paja para minimizar el efecto erosivo de las lluvias.

España cuenta con el Programa de Acción Nacional contra la Desertificación para determinar los factores contribuyentes y las medidas necesarias para luchar contra los efectos. Además, desde 1981 está vigente el Proyecto de Lucha contra la Desertificación en el Mediterráneo, mediante el cual se analizan los recursos implicados en el proceso.

¿Es irreversible? Martínez Valderrama asegura que en un estado inicial sí tiene vuelta atrás. Pero si se atraviesan determinados umbrales ya es complicado revertirlo. «Hay procesos de desertificación que llamamos heredada, porque comenzaron hace tiempo ya. Se cortó mucho monte con distintos motivos: se necesitaba madera para la Armada Española, para crear zonas de pasto, para obtener leña para fundir mineral... Y aunque sucedieron hace siglos no se han recuperado». A la naturaleza le puede llevar miles de años formar suelo, así que si éste se destruye en 30 años, es un proceso irreversible a escala humana. «A escala geológica por supuesto que se volverá a crear suelo, pero no hay que olvidar que el enemigo está en casa, es la actividad humana con el deterioro de los recursos la que hace que se traspasen esos umbrales».

Salvar el bosque más viejo de Europa

En Europa todavía existe un lugar donde no ha llegado la mano del ser humano. Donde se ha dejado actuar en paz a la naturaleza, y se respetan sus ritmos y sus procesos. Un lugar fuera del tiempo donde es posible cruzarse con un bisonte europeo salvaje, donde los lobos cazan en los claros y los linces boreales acechan bajo los troncos caídos de los viejos robles. Un lugar a dónde asomarse a lo que era Europa hace miles de años. Ese lugar es Bialowieza, entre Polonia y Bielorrusia, el mayor pedazo superviviente de los bosques caducifolios que antaño cubrían toda Europa central. Y ahora, el ultraconservador Gobierno polaco ha decidido que hay que talarlo.

El ministro de Medio Ambiente, Jan Szyszko, anunció hace varias semanas que los trabajos habían comenzado, y sus planes dan escalofríos: el límite de extracción de madera se multiplicará por tres, las motosierras entrarán en zonas que estaban excluidas de la intervención humana y se talarán árboles centenarios. No se tocará el Parque Nacional de Bialowieza -que ocupa el 17% del bosque-, pero sí el resto, que está protegido dentro de la red europea Natura 2000 y como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO por sus excepcionales valores universales.

Decenas de científicos polacos y europeos -e instituciones como el Comité de Conservación de la Naturaleza de la Academia polaca de ciencias- llevan meses intentando hacer entrar en razón al Gobierno, y organizaciones conservacionistas como WWF han agotado todos los medios legales posibles para parar los planes. La excusa para poner en marcha la tala masiva es una plaga de escarabajo de la corteza que ataca a las píceas (una conífera), un proceso que ocurre cada 8 o 10 años y que forma parte del ciclo natural de regeneración del bosque.

Cortar los árboles enfermos y retirar los árboles caídos puede tener sentido en un bosque gestionado para la explotación de madera, pero es una atrocidad en un bosque como Bialowieza. Los árboles centenarios, los árboles enfermos, o los troncos caídos, que serán el principal objetivo de las motosierras, son precisamente lo que hacen de Bialowieza un lugar único: se calcula que el 50% de su increíble biodiversidad depende de la madera muerta.

Muchas de las especies de Bialowieza sólo sobreviven allí porque están asociadas con el complejo ecosistema de un bosque primario, con árboles centenarios y grandes cantidades de troncos en descomposición. Las píceas atacadas por la plaga seguirían siendo parte del bosque durante muchos años: dando cobijo y alimento a multitud de especies, y devolviendo sus nutrientes al suelo para que crezca la siguiente generación de árboles.


El plan del Gobierno polaco va contra el conocimiento científico y vulnera las Directivas europeas de la naturaleza, por su grave impacto sobre hábitats y especies protegidas por la UE. También pone en peligro los elevados ingresos por turismo de todas las personas que se acercan hasta ese lugar remoto de Polonia atraídos por la magia del bosque.

Esta semana, las ONG enviamos a la Comisión Europea una carta pidiéndoles que actuaran urgentemente para proteger Bialowieza, acelerando las medidas legales para detener a Polonia. ¿Si no podemos salvar de la tala masiva al bosque más viejo del continente, de qué sirven las leyes de protección de la naturaleza? El caso de Bialowieza es un claro ejemplo de que no hay que cambiar las Directivas de la naturaleza, tan sólo asegurarnos que se cumplen, como reclamamos en nuestra campaña #NatureAlert.

El biólogo Edward O. Wilson escribió que "destruir un bosque lluvioso por beneficio económico es como quemar un cuadro del Renacimiento para cocinar". Seguro que diría lo mismo de este tesoro de Europa y de toda la Humanidad, protegido desde el siglo XV de la mano del ser humano. Y mientras los políticos europeos callen, las motosierras seguirán invadiendo con su rugido el bosque más viejo de Europa.

Gema Rodríguez, del Programa de Especies de WWF.

Fuente: El Mundo 

Las sequías de los últimos 318 años en España

Hubo 36 años extremadamente secos y 28 años muy húmedos desde finales del siglo XVII

La cuenca mediterránea es testigo desde hace al menos cinco décadas de un aumento de las sequías, pero ¿siempre ha sido así? Un equipo de la Universidad de Zaragoza ha logrado por primera vez reconstruir las sequías de 1694 a 2012 a partir del índice de precipitación y el estudio de los anillos de crecimiento de los árboles. Según el trabajo, los doce meses anteriores al mes de julio de 2012 fueron los más secos.

Las sequías son un fenómeno recurrente en la cuenca mediterránea con consecuencias negativas para la sociedad, las actividades económicas y los sistemas naturales. Nadie parece dudar sobre el hecho de que las temperaturas aumenten desde hace unas décadas en todo el planeta. Sin embargo, la percepción de esta tendencia no parece tan evidente cuando se trata de precipitaciones, de las que se tienen datos a partir del año 1950.

Así, hasta ahora, el estudio de la recurrencia y severidad de las sequías en España se ha basado en la información de las estaciones meteorológicas, con datos suficientes solo desde mediados del siglo XX.

Para comprobar la evolución de las sequías, científicos del departamento de Geografía de la Universidad de Zaragoza han utilizado información indirecta, como el estudio de los anillos de crecimiento de los árboles, para reconstruir el clima de la cordillera ibérica desde 1694 y analizar los periodos secos a partir del Índice Estandarizado de Precipitación (SPI).

Los investigadores recogieron 336 muestras y 45.648 anillos de crecimiento de cinco especies diferentes (P. sylvestris, P. uncinata, P. nigra y P. halepensis) a partir de 21 localizaciones de la provincia de Teruel, al este de la península ibérica, a una altitud media de 1.600 metros.

Los resultados, publicados en International Journal of Biometeorology, han permitido evaluar las sequías de los últimos tres siglos y revelan que los doce meses que precedieron al mes de julio de 2012 fueron los más secos de todo el periodo contemplado. “Hemos logrado identificar siete momentos especialmente secos y cinco húmedos desde finales siglo XVII”, declara a Sinc Ernesto Tejedor, autor principal del estudio.

Los periodos más secos

Según los investigadores, además de estos periodos, hubo 36 años extremadamente secos y 28 años muy húmedos desde finales del siglo XVII. “Algunos de estos años secos, como 1725, 1741, 1803 o 1879, se identifican también en otras reconstrucciones de sequías en Rumania y Turquía, lo que demuestra la coherencia a mayor escala de las desviaciones extremas y su relación con procesos atmosféricos más globales”, añade Tejedor.

Muchos de estos acontecimientos extremos se asocian con cambios históricos y culturales catastróficos de los últimos tres siglos. De hecho, el año 1725 se conoce como ‘El año sin cosecha’ en Monegros. Así, quedan reflejados en documentos históricos como las rogativas ‘pro pluvia’, “ya que las intensas sequías provocaban malas cosechas con graves consecuencias para la sociedad”, comenta el científico.

La reconstrucción de las sequías a partir de la dendrocronología no permite hacer predicciones de manera directa de eventos extremos futuros, aunque estas reconstrucciones sí se utilizan para validar los modelos de cambio climático futuro. “Lo que se está viendo durante el siglo XX y lo que llevamos del XXI es un aumento en la recurrencia de los fenómenos extremos, tanto de años secos como de años húmedos”, recalca a Sinc el investigador.

Para el experto, las predicciones en cuanto a la variabilidad y tendencia de las precipitaciones todavía no son tan fiables como las de temperatura, ya que influyen otros factores que todavía se están estudiando.

Fuente: Agencia Sinc/Nueva Tribuna

lunes, 6 de junio de 2016

Artículo sobre nuestro apero Saltusaqua

Acaba de publicarse (en el nº 42 de Cuadernos de la SECF) un artículo (nota técnica) sobre nuestro apero Saltusaqua. Incluye la descripción del apero patentado, que realiza microcuencas semicirculares, y una simulación de la cosecha de agua que proporciona mediante el programa Modipé.

Enlace al artículo 

Nuevo número de Cuadernos de la SECF: Grupo de trabajo de Repoblaciones Forestales

Se ha publicado en la página de los Cuadernos de la SECF un nuevo número de la revista (nº42 (2016)). Actualmente el número cuenta con los artículos presentados a la “III Reunión conjunta del Grupo de Trabajo de Repoblaciones Forestales (SECF) y el Grupo de Trabajo de Restauración Forestal (AEET)” así como con dos notas técnicas y un resumen de tesis doctoral. 

El número se irá ampliando con nuevas aportaciones de los grupos de trabajo, resúmenes de tesis doctorales, notas técnicas y revisiones bibliográficas a medida que estas sean aceptadas para su publicación.

viernes, 3 de junio de 2016

¿Por qué hay agua en los ríos cuando no llueve?



Un vídeo del CREAF

El Canal de Castilla

La semana pasada hicimos la ruta en barco por el Canal de Castilla, concretamente por el Ramal de Campos, saliendo de la dársena de Medina de Rioseco.

Este canal es una de las más importantes obras de ingeniería hidráulica de nuestro país, construido entre mediados del siglo XVIII y principios del XIX, para facilitar el transporte de cereal a los puertos de Cantabria.

Aquí os dejamos unas fotos de Nuria Mongil (Flash-ion).