miércoles, 29 de junio de 2016

España, un territorio camino de la desertificación


La Sierra de Gádor (Almería), ejemplo de desertificación heredada. JAIME MARTÍNEZ

Suelos pobres en nutrientes, laderas escarpadas, clima semiárido, sequía estacional, extrema variabilidad de lluvias y fenómenos como la gota fría son características propias de varias zonas españolas. Si a estos factores, además, le sumamos los incendios forestales que asolan nuestro país, el sobrepastoreo, la excesiva explotación de los acuíferos y el abandono de tierras agrícolas tenemos el cóctel que convierte a España en el país europeo con mayor riesgo de desertificación.

La ONU, que celebra el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación el 17 de junio, define la desertificación como «la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas resultante de varios factores, incluyendo variaciones climáticas y las actividades humanas». Supone un complejo proceso que afecta al suelo, la vegetación y la fauna y que resulta en una disminución de la fertilidad del terreno, reduciéndose la capacidad productiva de los ecosistemas.

Y no es un problema que al que haya que restarle importancia. En España, un 75% del territorio se encuentra en zonas susceptibles de sufrir desertificación, y un 20% ya lo ha hecho, y el cambio climático sólo agrava esta situación. Fernando T. Maestre, profesor titular de Ecología en la Universidad Rey Juan Carlos e investigador principal del Laboratorio de Ecología de Zonas Áridas y Cambio Global en dicha universidad, explica que, al haber menos disponibilidad de agua por el aumento de temperaturas, será mayor la aridez y la erosión, por lo que se reducirá la productividad agrícola. «Es probable que disminuyan la extensión de las tierras cultivables, la duración de las temporadas de cultivo y el rendimiento potencial de muchas zonas».


Olivar erosionado en Córdoba, ejemplo de desertificación activa. JOSÉ ALFONSO GÓMEZ

Las consecuencias de la desertificación plantean una grave cuestión de seguridad alimentaria a nivel planetario. Monique Barbut, secretaria ejecutiva de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, advierte que, dado el aumento demográfico previsto para 2050, será necesario incrementar la producción en un 75% para abastecer esa población. «El 60% de los terrenos agrícolas de todo el planeta están degradados, más de 2.000 millones de hectáreas. Si se recuperasen 500 millones de hectáreas, sería posible asegurar el alimento a nivel global». Para España también supondrá un empeoramiento de las migraciones, como se planteó en el Consejo de Seguridad de la ONU de mayo de 2016. «España se verá afectada por los flujos migratorios que provoquen los millones de personas que huyan de sus hogares porque no puedan obtener alimento de sus tierras», indica.
Detectar la desertificación

El proceso comienza con la destrucción de la cubierta vegetal. A mayor cobertura vegetal, mayor fertilidad del terreno y menor erosión. Sin embargo, dado que la desertificación depende tanto de factores naturales como humanos, la velocidad a la que va a producirse no se puede determinar. Maestre sostiene que será más rápido en una zona con elevada pendiente donde se haya perdido la cubierta vegetal que en una más llana que no haya sufrido sobrepastoreo. «Pero la desertificación puede producirse en poco tiempo si confluyen las condiciones adecuadas para ello».

El investigador Jaime Martínez Valderrama, de la Estación Experimental de Zonas Áridas de Almería, desarrolló en 2013 un método para calcular el riesgo de desertificación y un mapa de condición de la tierra por encargo del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. En el primer caso, simularon distintos escenarios con modelos de simulación numéricos para hacer estimaciones sobre la evolución de cada uno de los paisajes de desertificación de España, descritos por el MAGRAMA. En cuanto al mapa de condición de la tierra, este se basa en el concepto RUE (Rain-Use Efficiency), que determina la eficiencia en el uso del agua. «Este ratio refleja la cantidad de biomasa que se produce en un lugar según el agua que cae», explica. Se compara con lo que debería haber producido si el terreno estuviese sano y cuanto más se aleje de la producción potencial, más degradado está ese territorio.
Lucha contra el problema

La restauración forestal en España comenzó en la segunda mitad del siglo XIX. Desde que se inició la repoblación forestal de tierras degradadas se han recuperado cinco millones de hectáreas (un 10% del territorio español). Tres cuartas partes de esa cantidad han sido con fines de protección. «La repoblación se hace fundamentalmente con pino carrasco, pero debería anteponerse la prevención a la recuperación, que es complicada y costosa», indica Maestre. Además también se realizan ramblas para contener la erosión, se añade compost al suelo para aportar nutrientes o paja para minimizar el efecto erosivo de las lluvias.

España cuenta con el Programa de Acción Nacional contra la Desertificación para determinar los factores contribuyentes y las medidas necesarias para luchar contra los efectos. Además, desde 1981 está vigente el Proyecto de Lucha contra la Desertificación en el Mediterráneo, mediante el cual se analizan los recursos implicados en el proceso.

¿Es irreversible? Martínez Valderrama asegura que en un estado inicial sí tiene vuelta atrás. Pero si se atraviesan determinados umbrales ya es complicado revertirlo. «Hay procesos de desertificación que llamamos heredada, porque comenzaron hace tiempo ya. Se cortó mucho monte con distintos motivos: se necesitaba madera para la Armada Española, para crear zonas de pasto, para obtener leña para fundir mineral... Y aunque sucedieron hace siglos no se han recuperado». A la naturaleza le puede llevar miles de años formar suelo, así que si éste se destruye en 30 años, es un proceso irreversible a escala humana. «A escala geológica por supuesto que se volverá a crear suelo, pero no hay que olvidar que el enemigo está en casa, es la actividad humana con el deterioro de los recursos la que hace que se traspasen esos umbrales».

Salvar el bosque más viejo de Europa

En Europa todavía existe un lugar donde no ha llegado la mano del ser humano. Donde se ha dejado actuar en paz a la naturaleza, y se respetan sus ritmos y sus procesos. Un lugar fuera del tiempo donde es posible cruzarse con un bisonte europeo salvaje, donde los lobos cazan en los claros y los linces boreales acechan bajo los troncos caídos de los viejos robles. Un lugar a dónde asomarse a lo que era Europa hace miles de años. Ese lugar es Bialowieza, entre Polonia y Bielorrusia, el mayor pedazo superviviente de los bosques caducifolios que antaño cubrían toda Europa central. Y ahora, el ultraconservador Gobierno polaco ha decidido que hay que talarlo.

El ministro de Medio Ambiente, Jan Szyszko, anunció hace varias semanas que los trabajos habían comenzado, y sus planes dan escalofríos: el límite de extracción de madera se multiplicará por tres, las motosierras entrarán en zonas que estaban excluidas de la intervención humana y se talarán árboles centenarios. No se tocará el Parque Nacional de Bialowieza -que ocupa el 17% del bosque-, pero sí el resto, que está protegido dentro de la red europea Natura 2000 y como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO por sus excepcionales valores universales.

Decenas de científicos polacos y europeos -e instituciones como el Comité de Conservación de la Naturaleza de la Academia polaca de ciencias- llevan meses intentando hacer entrar en razón al Gobierno, y organizaciones conservacionistas como WWF han agotado todos los medios legales posibles para parar los planes. La excusa para poner en marcha la tala masiva es una plaga de escarabajo de la corteza que ataca a las píceas (una conífera), un proceso que ocurre cada 8 o 10 años y que forma parte del ciclo natural de regeneración del bosque.

Cortar los árboles enfermos y retirar los árboles caídos puede tener sentido en un bosque gestionado para la explotación de madera, pero es una atrocidad en un bosque como Bialowieza. Los árboles centenarios, los árboles enfermos, o los troncos caídos, que serán el principal objetivo de las motosierras, son precisamente lo que hacen de Bialowieza un lugar único: se calcula que el 50% de su increíble biodiversidad depende de la madera muerta.

Muchas de las especies de Bialowieza sólo sobreviven allí porque están asociadas con el complejo ecosistema de un bosque primario, con árboles centenarios y grandes cantidades de troncos en descomposición. Las píceas atacadas por la plaga seguirían siendo parte del bosque durante muchos años: dando cobijo y alimento a multitud de especies, y devolviendo sus nutrientes al suelo para que crezca la siguiente generación de árboles.


El plan del Gobierno polaco va contra el conocimiento científico y vulnera las Directivas europeas de la naturaleza, por su grave impacto sobre hábitats y especies protegidas por la UE. También pone en peligro los elevados ingresos por turismo de todas las personas que se acercan hasta ese lugar remoto de Polonia atraídos por la magia del bosque.

Esta semana, las ONG enviamos a la Comisión Europea una carta pidiéndoles que actuaran urgentemente para proteger Bialowieza, acelerando las medidas legales para detener a Polonia. ¿Si no podemos salvar de la tala masiva al bosque más viejo del continente, de qué sirven las leyes de protección de la naturaleza? El caso de Bialowieza es un claro ejemplo de que no hay que cambiar las Directivas de la naturaleza, tan sólo asegurarnos que se cumplen, como reclamamos en nuestra campaña #NatureAlert.

El biólogo Edward O. Wilson escribió que "destruir un bosque lluvioso por beneficio económico es como quemar un cuadro del Renacimiento para cocinar". Seguro que diría lo mismo de este tesoro de Europa y de toda la Humanidad, protegido desde el siglo XV de la mano del ser humano. Y mientras los políticos europeos callen, las motosierras seguirán invadiendo con su rugido el bosque más viejo de Europa.

Gema Rodríguez, del Programa de Especies de WWF.

Fuente: El Mundo 

Las sequías de los últimos 318 años en España

Hubo 36 años extremadamente secos y 28 años muy húmedos desde finales del siglo XVII

La cuenca mediterránea es testigo desde hace al menos cinco décadas de un aumento de las sequías, pero ¿siempre ha sido así? Un equipo de la Universidad de Zaragoza ha logrado por primera vez reconstruir las sequías de 1694 a 2012 a partir del índice de precipitación y el estudio de los anillos de crecimiento de los árboles. Según el trabajo, los doce meses anteriores al mes de julio de 2012 fueron los más secos.

Las sequías son un fenómeno recurrente en la cuenca mediterránea con consecuencias negativas para la sociedad, las actividades económicas y los sistemas naturales. Nadie parece dudar sobre el hecho de que las temperaturas aumenten desde hace unas décadas en todo el planeta. Sin embargo, la percepción de esta tendencia no parece tan evidente cuando se trata de precipitaciones, de las que se tienen datos a partir del año 1950.

Así, hasta ahora, el estudio de la recurrencia y severidad de las sequías en España se ha basado en la información de las estaciones meteorológicas, con datos suficientes solo desde mediados del siglo XX.

Para comprobar la evolución de las sequías, científicos del departamento de Geografía de la Universidad de Zaragoza han utilizado información indirecta, como el estudio de los anillos de crecimiento de los árboles, para reconstruir el clima de la cordillera ibérica desde 1694 y analizar los periodos secos a partir del Índice Estandarizado de Precipitación (SPI).

Los investigadores recogieron 336 muestras y 45.648 anillos de crecimiento de cinco especies diferentes (P. sylvestris, P. uncinata, P. nigra y P. halepensis) a partir de 21 localizaciones de la provincia de Teruel, al este de la península ibérica, a una altitud media de 1.600 metros.

Los resultados, publicados en International Journal of Biometeorology, han permitido evaluar las sequías de los últimos tres siglos y revelan que los doce meses que precedieron al mes de julio de 2012 fueron los más secos de todo el periodo contemplado. “Hemos logrado identificar siete momentos especialmente secos y cinco húmedos desde finales siglo XVII”, declara a Sinc Ernesto Tejedor, autor principal del estudio.

Los periodos más secos

Según los investigadores, además de estos periodos, hubo 36 años extremadamente secos y 28 años muy húmedos desde finales del siglo XVII. “Algunos de estos años secos, como 1725, 1741, 1803 o 1879, se identifican también en otras reconstrucciones de sequías en Rumania y Turquía, lo que demuestra la coherencia a mayor escala de las desviaciones extremas y su relación con procesos atmosféricos más globales”, añade Tejedor.

Muchos de estos acontecimientos extremos se asocian con cambios históricos y culturales catastróficos de los últimos tres siglos. De hecho, el año 1725 se conoce como ‘El año sin cosecha’ en Monegros. Así, quedan reflejados en documentos históricos como las rogativas ‘pro pluvia’, “ya que las intensas sequías provocaban malas cosechas con graves consecuencias para la sociedad”, comenta el científico.

La reconstrucción de las sequías a partir de la dendrocronología no permite hacer predicciones de manera directa de eventos extremos futuros, aunque estas reconstrucciones sí se utilizan para validar los modelos de cambio climático futuro. “Lo que se está viendo durante el siglo XX y lo que llevamos del XXI es un aumento en la recurrencia de los fenómenos extremos, tanto de años secos como de años húmedos”, recalca a Sinc el investigador.

Para el experto, las predicciones en cuanto a la variabilidad y tendencia de las precipitaciones todavía no son tan fiables como las de temperatura, ya que influyen otros factores que todavía se están estudiando.

Fuente: Agencia Sinc/Nueva Tribuna

lunes, 6 de junio de 2016

Artículo sobre nuestro apero Saltusaqua

Acaba de publicarse (en el nº 42 de Cuadernos de la SECF) un artículo (nota técnica) sobre nuestro apero Saltusaqua. Incluye la descripción del apero patentado, que realiza microcuencas semicirculares, y una simulación de la cosecha de agua que proporciona mediante el programa Modipé.

Enlace al artículo 

Nuevo número de Cuadernos de la SECF: Grupo de trabajo de Repoblaciones Forestales

Se ha publicado en la página de los Cuadernos de la SECF un nuevo número de la revista (nº42 (2016)). Actualmente el número cuenta con los artículos presentados a la “III Reunión conjunta del Grupo de Trabajo de Repoblaciones Forestales (SECF) y el Grupo de Trabajo de Restauración Forestal (AEET)” así como con dos notas técnicas y un resumen de tesis doctoral. 

El número se irá ampliando con nuevas aportaciones de los grupos de trabajo, resúmenes de tesis doctorales, notas técnicas y revisiones bibliográficas a medida que estas sean aceptadas para su publicación.

viernes, 3 de junio de 2016

¿Por qué hay agua en los ríos cuando no llueve?



Un vídeo del CREAF

El Canal de Castilla

La semana pasada hicimos la ruta en barco por el Canal de Castilla, concretamente por el Ramal de Campos, saliendo de la dársena de Medina de Rioseco.

Este canal es una de las más importantes obras de ingeniería hidráulica de nuestro país, construido entre mediados del siglo XVIII y principios del XIX, para facilitar el transporte de cereal a los puertos de Cantabria.

Aquí os dejamos unas fotos de Nuria Mongil (Flash-ion).























martes, 31 de mayo de 2016

Aprobación de la patente del infiltrómetro Infiltest

El pasado 20 de mayo de 2016 la Oficina Española de Patentes aprobó la patente del infiltrómetro inundador (Infiltest), desarrollado por el Grupo de Hidrología y Conservación, con investigadores de la Universidad Católica de Ávila y de la Universidad de Valladolid.

Un infiltrómetro es un instrumento destinado a la medición de la tasa de infiltración de un suelo. En este caso se trata de un infiltrómetro inundador de metacrilato, con una serie de elementos que facilitan su uso en campo y la realización de las mediciones. Por otra parte, el gasto de agua es reducido, así como el coste del propio aparato. Consta de un cilindro de metacrilato que se introduce varios centímetros en el terreno, sujeto mediante un cilindro de acero. El cilindro de metacrilato lleva una escala milimetrada para realizar las lecturas. Así mismo, una rejilla sujeta por unas pinzas regulables impide que se levanten restos vegetales durante el ensayo, y evitan la degradación de la superficie edáfica por el impacto del agua al rellenarse el cilindro.

El infiltrómetro está diseñado para realizar mediciones de infiltración en terrenos forestales, agrícolas, pastizales, jardines y campos deportivos de césped (fútbol, golf, etc.). Esto hace posible un mejor conocimiento de la infiltración con fines científicos, técnicos y pedagógicos, así como el mejor diseño de los equipos de riego, de las técnicas o medios de drenaje, transformaciones de secano a regadío y en la valoración de la degradación de los suelos de uso ganadero o agroforestal. Igualmente permite caracterizar de forma económica la capacidad de los suelos para generar escorrentía y, por ello, una mejor predicción de los modelos hidrológicos para la estimación de los recursos hídricos, las crecidas e inundaciones y, por tanto, para el manejo del agua y la planificación del territorio.

El infiltrómetro Infiltest ha sido desarrollado dentro del Laboratorio de Hidrología de Conservación de Aguas del Grupo de Hidrología y Conservación. La patente aprobada tiene el número ES2533927B1, y los titulares ofrecen la posibilidad de la cesión de su uso a empresas interesadas.

lunes, 23 de mayo de 2016

El 20% de España ya se ha desertificado

Un 20% del territorio español ya se ha desertificado, y un 1% está degradándose, según concluye un estudio liderado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Los resultados, basados en la actualización de dos sistemas de medición, se han publicado en la revista Science of the Total Environment. Con este trabajo se contribuye al establecimiento de un Sistema Integrado de Evaluación y Vigilancia de la Desertificación, objetivo primordial del Programa de Acción Nacional contra la Desertificación, publicado en 2008.

En este trabajo, liderado por investigadores de la Estación Experimental de Zonas Áridas, en Almería, se han desarrollado dos herramientas: un mapa de condición de la tierra que permite conocer la situación de degradación del territorio y sus tendencias, y un conjunto de modelos de simulación sobre cada paisaje de desertificación detectados en el programa, para estimar el riesgo de desertificación de cinco casos representativos y establecer la jerarquía de los factores que intervienen en el proceso. “Los primeros modelos de simulación implementados revelan que los cultivos herbáceos afectados por erosión son el paisaje más proclive a desertificarse. Además, en cada uso del suelo considerado, los factores dominantes son los climáticos por encima de los socioeconómicos”, explica el director del estudio, Jaime Martínez Valderrama, investigador del CSIC en la Estación Experimental del Zonas Áridas. El trabajo ha sido elaborado con el apoyo de la Universidad Politécnica de Madrid y el Instituto de Economía, Geografía y Demografía, del Centro de Ciencias Humanas y Sociales.

El investigador advierte, sin embargo, que “es necesario estudiar más casos para cubrir la casuística que ofrece el territorio español y que permita reproducir los análisis en distintos lugares. Hasta que se complete dicha tarea no será posible obtener conclusiones robustas y generalizar los resultados expuestos”.

La Convención de las Naciones Unidas de lucha contra la desertificación entró en vigor el 26 de diciembre de 1996. En la actualidad ha sido firmada por 191 países, entre ellos España. Todos los países signatarios tienen la obligación de elaborar y ejecutar un Programa de Acción Nacional contra la Desertificación, que es el principal compromiso contraído con este acuerdo. España publicó su plan en 2008, gracias la centralización de diversos esfuerzos promovidos por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. La Estación Experimental de Zonas Áridas ha participado desde el principio en su elaboración y redacción.

(Fuente: CSIC)

Publicación original:

Jaime Martínez-Valderrama, Javier Ibáñez, Gabriel del Barrio, María E. Sanjuán, Francisco J. Alcalá, Silvio Martínez-Vicente, Alberto Ruiz, Juan Puigdefábregas. Present and future of desertification in Spain: Implementation of a surveillance system to prevent land degradation. Science of the Total Environment. Doi: 10.1016/j.scitotenv.2016.04.065

Enlace a la publicación


Olivares afectados por la erosión, en Córdoba. / Foto: José Alfonso Gómez Calero

Dust Bowl

Me ha parecido muy interesante el artículo sobre el Dust Bowl que aparece en la wikipedia en lengua inglesa. Aquí está el enlace.

El Dust Bowl fue uno de los mayores desastres ecológicos del siglo XX, que afectó a varios estados de Estados Unidos en la década de los años 30. Fue un periodo de tremendas sequías, acompañadas de tormentas de polvo, que tuvieron importante implicaciones socioeconómicas.


A farmer and his two sons during a dust storm in Cimarron County, Oklahoma, 1936, Photo: Arthur Rothstein

jueves, 28 de abril de 2016

Miguel Delibes, eterno recuerdo

Miguel Delibes es, además de un referente literario, un referente medioambiental. Por eso sentimos tanto su fallecimiento, y nos reconfortamos releyendo sus libros y escritos. La noticia ahora es la finalización de las tareas de digitalización de todos sus documentos, por parte de la fundación que lleva su nombre. Una excelente noticia, sin duda.

Aquí os dejamos el enlace a la noticia aparecida en El País:

La autobiografía en documentos de Miguel Delibes, a golpe de clic


martes, 19 de abril de 2016

El Pisuerga con aguas altas

En estos días, los ríos de la cuenca del Duero llevan caudales bastante elevados, y muchos embalses están al 90 % de su capacidad.

Aquí os dejamos algunas fotos del Pisuerga a su paso por Valladolid, un paisaje urbano fluvial con aguas altas.

Fotos: Nuria Mongil (Flash-ion)


















viernes, 8 de abril de 2016

Rejuvenating arid badlands: from barren slopes to living forest in 80 years

A reforestation project has revitalised its surroundings just 80 years after its inception. In the late 1920s, the Saldaña badlands in northern Spain were a barren region, with a thin layer of intensely weathered soil, and only 5% vegetation cover. Now that cover has increased dramatically to 87%, the soil quality is improving, and the water flow in the area has stabilised, bringing greater environmental security to the local community.

Badlands’ are a geological term for dry, eroded terrain, often featuring steep slopes, which are associated with landslides, high rates of sediment disposal, minimal vegetation and concentrated runoffs that lead to flash flooding. However, the Saldaña badlands were not always so degraded — in this case, it was not geological processes that made the terrain barren, but the cumulative impact of at least 18 centuries of human activity. 

This recently published study of this region, which was supported in part by the European Erasmus Mundus 17 Programme, analysed historical documents, maps, photos, and video of the 3.17 km2 area to create an account of how the badlands came to be, and conducted field analyses of the soil quality, vegetation cover and erosive processes to help determine the success of the reforestation project that started as recently as the 1930s.

Evidence suggests human presence on the landscape began around 12 000 years ago, but increased substantially during the time of the Roman Empire. Over the centuries, the combined pressures of war and agriculture led to intensive deforestation of the original forests. By 1472, populations downstream noted the negative effect that deforestation had on the quality of their water supply, but the situation continued to get worse, and by 1751, the slopes were described as a ‘degraded mountain’.

In 1928, the forest restoration project conducted by the forest engineer José Mª Ayerbe was initiated. Between 1932 and 1936, 3 000 trees were planted per hectare, including Scots Pine (Pinus sylvestris), elm (Ulmus campestris) and acacia (Robinia pseudoacacia) species, and hundreds of check dams (small temporary structures across water channels, used to slow the water flow) and wattle fences (a traditional technique that weaves small branches between large sticks) were constructed to help slow the movement of water and sediment.

The first major socio-economic success of the project was acknowledged in the early 1960s. The Saldaña-Osorno road was frequently blocked by mud flows and landslides during heavy rains in the past, but the restoration 
project put a halt to these disruptive events. Further restoration work was carried out on the land in 1963.

Desk and field analyses show that, since the turn of the century, the changes in the Saldaña badlands have 
produced substantial benefits. Forest vegetation now covers nearly the whole area, and evidence of soil 
regeneration is indicated by an increase in organic matter from leaf litter increased soil moisture, and the 
presence of species such as earthworms and fungal mycelium. The researchers found that sediment yield 
from the land diminished by three orders of magnitude compared with the 1940s, which helps to keep the 
nearby Carrión River free of suspended mud and silt. The rate at which water is absorbed into the ground 
is also 43 times greater on the forested slopes than bare slopes, greatly reducing the risks of flash flooding.

In addition, the biodiversity of the badlands is increasing. Species which can be found in established 
habitats of the region are now returning, including Pyrenean oak (Quercus pyrenaica), a local variety 
of wild peony (Paeonia broteroi), and the edible mushroom, saffron milk cap (Lactarius deliciosus). 
Although the landscape has shown dramatic results in its overall regeneration, analysis of the soil 
suggests that the recovery is not yet complete in terms of the evolution of the soil structure. Therefore 
pH, bulk density and erodibility of soils sampled from the vegetated areas are not significantly 
different than soils from the degraded areas. However, vegetation cover, leaf litter and check dams 
in the restored areas compensate for this and have arrested the most severe erosion processes.

Overall, the main objectives of the original restoration project seem to have been 
achieved. In under a hundred years, mass erosive processes have been drastically reduced, 
as well as their major consequences, such as landslides and mudflows. The researchers 
suggest that other landscapes with similar problems could be recovered in a similar way.


Source: Navarro Hevia, 
J., Carlos de Araújo, J. 
& Mongil Manso, J. 
(2014). Assessment of 80 
years of ancient-badlands 
restoration in Saldaña, 
Spain. Earth Surface 
Processes and Landforms 
39: 1563-1575. DOI 
10.1002/esp.3541 
http://onlinelibrary.
wiley.com/doi/10.1002/
esp.3541/abstract


Soil and water: a larger-scale perspective



Science for Environment Policy (2015) Soil and Water: a larger-scale perspective. Thematic Issue 52. Issue produced for the European Commission DG Environment by the Science Communication Unit, UWE, Bristol.

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