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martes, 6 de octubre de 2015

Revista Agua y territorio

Por si es de vuestro interés, la revista Agua y Territorio es una publicación digital, de carácter semestral, de acceso libre, cuyo objetivo es abordar desde diferentes ámbitos científicos la problemática del uso y gestión del agua y su empleo para un desarrollo sostenible. 

Su contenido puede consultarse en este enlace y en este otro.

lunes, 8 de junio de 2015

En memoria de Riaño y su comarca

Este fin de semana, con motivo de la boda de unos amigos en Burón (León), he tenido la oportunidad de recordar y conocer más de cerca el lamentable asunto de la construcción del embalse de Riaño. Por eso os dejo este vídeo de RTVCyL que hace un buen resumen, y algunas fotos del actual paisaje de las proximidades de Burón, uno de los pequeños pueblos anegados junto a Riaño.












lunes, 2 de marzo de 2015

Sobre ríos e inundaciones

Recojo a continuación tres artículos de opinión que han aparecido en los últimos días en la prensa española y en las redes sociales, a raíz de las inundaciones ocurridas sobre todo en el Ebro.

Las 'limpiezas' o 'dragados' de los ríos, tan inútiles como peligrosos

Alfredo Ollero y Camino Jaso León (Centro Ibérico de Restauración Fluvial)
Sábado, 9 de Febrero de 2013 -

Parece que este invierno va a ser un invierno excepcional, con mucha precipitación y por tanto con varias y seguidas crecidas en nuestros ríos, algunas de ellas de carácter más extraordinario. Tan reiteradamente como dichas crecidas, hemos escuchado innumerables peticiones que reclaman limpiar el cauce. Esta solicitud popular, tan errónea como abrumadoramente unánime, es a menudo amplificada por los medios de comunicación, que por falta de fuentes accesibles para contrastarla, frecuentemente muestran la visión de los afectados, a falta de argumentos de índole científico técnica o simplemente de algunos afectados con más criterio y objetividad.

La idea de que hay que limpiar o dragar el río quizás está tan enraizada porque en el pasado reciente los cauces se arrasaban sin contemplaciones, sabiendo que no servía de nada, a modo de actuación placebo, para tranquilizar a los ribereños y en ocasiones con el único objetivo de ganar votos con actuaciones que en esa época todavía pocos cuestionaban. Así, las diversas administraciones han ido ejecutando o autorizando actuaciones que, bajo el pretexto lógico y loable de proteger bienes y personas ante episodios de inundación, han supuesto frecuentemente bien para hoy pero mal para mañana, además de una importante afección ambiental en los ecosistemas acuáticos y ribereños.

A pesar de su demostrado anacronismo, todavía hoy se siguen haciendo estas actuaciones cuando se consigue regatear las trabas ambientales. Así, no faltan gestores públicos que se acogen a procedimientos de emergencia (a menudo sinónimo de ausencia de control) tras cada crecida para meter las máquinas dragadoras, bajo una situación de grandes presiones económicas y dinero público disponible para las contratas.

Cuando se pide limpiar un río no se pretende liberarlo de basuras, sino eliminar sedimentos, vegetación viva y madera muerta, elementos naturales del río y fundamentales para su dinámica. Se demanda, en suma, agrandar la sección y reducir la rugosidad para que el agua circule en mayor volumen sin desbordarse y a mayor velocidad. Cuando esto ocurre, los daños en el río son innumerables. Dichos daños justificarían ya por sí solos la prohibición radical de estas prácticas. Pero es que, además, y éste es un aspecto que nos interesa recalcar, las limpiezas son acciones que nada benefician a los que las demandan.

En las primeras horas de la siguiente crecida el río volverá a acumular materiales en los huecos limpiados. En ríos como el Ebro y los tramos bajos de sus principales afluentes navarros, eliminar una capa de gravas de su lecho aumenta mínimamente la sección de la corriente desbordada, un efecto a toda vista despreciable. Por ejemplo, en el Ebro si se dragara rebajando 1 metro el lecho, para una crecida de 2.000 m3/s como la de estos últimos días y teniendo en cuenta el campo de velocidades, tan solo bajaría el nivel de la corriente unos 8 centímetros en la misma sección dragada. Y si se quiere mantener este pequeño efecto habrá que seguir limpiando una y otra vez. En 2010 se dragaron un total de 126.000 m3 de gravas en el tramo aragonés del Ebro (entre Gallur y Cabañas) y hoy durante la crecida se pide con insistencia que se vuelvan a dragar los mismos puntos. Limpiar o dragar el río es tirar el dinero, un despilfarro que no puede admitirse en estos tiempos.

Pero sobre todo hay que señalar que los dragados pueden provocar efectos secundarios muy negativos: erosión remontante (erosión hacia aguas arriba del tramo dragado), incisión (hundimiento del cauce), irregularización de los fondos, descenso de la capa freática (y por tanto desecación de pozos de riego), descalzamiento de puentes y escolleras, colapsos si hay simas bajo la capa aluvial, etcétera.

Precisamente los estudios geomorfológicos que se han llevado a cabo en el río Arga, entre ellos en la zona de Peralta-Funes, han demostrado que los dragados a los que se han visto sometidos estos ríos en el pasado están provocando serios problemas de incisión del cauce. Como resultado de esto, se empiezan a observar problemas de descalce en las zapatas de los puentes y un descenso en el nivel freático que afecta a los pozos de los que se abastecen los regadíos y las poblaciones ribereñas.

Otra idea reiterativa e igualmente errónea es la percepción de que el cauce se ha elevado. Esta percepción es falsa, ya que donde haya crecido alguna playa o isla, el cauce habrá profundizado al lado, en el mismo punto, para compensarlo. También se dice recurrentemente que con crecidas pequeñas cada vez se inundan más campos, cuando lo que ocurre es que las motas y defensas, al comprimir el flujo, inyectan con fuerza el agua a las capas subterráneas, inundándose desde el freático terrenos muy alejados del cauce.

Hay que desterrar los viejos patrones culturales sobre el funcionamiento de los ríos y sobre el tratamiento de los riesgos de inundación e ir adquiriendo nueva información y educación al amparo de los conocimientos actuales y los nuevos retos que plantean las actuales directivas.

Nos consta que las autoridades ambientales navarras, junto con algunas de las entidades locales más afectadas por este tema, así como diversos colectivos implicados, han hecho un esfuerzo de consenso tras varias largas sesiones de trabajo. Se ha adelantado mucho trabajo en el sentido de aprender a convivir con el río sin llevar a cabo las actuaciones tradicionales (embalses, motas, dragados…) que a todas luces se han demostrado ineficaces.

Son las crecidas las que limpian los cauces y mantienen la vegetación a raya. Tras estas crecidas, este verano habrá menos algas y menos riesgo de proliferación de especies invasoras, como la mosca negra. Con menos regulación, más espacio para desbordarse y más crecidas, el río funcionará mejor y nos dará más beneficios. Dejemos de demandar limpiezas. En la actualidad, frente a la ineficacia de estas medidas, la Directiva Europea de Inundaciones aboga por la renaturalización de los ecosistemas fluviales a través de la recuperación de las llanuras naturales de inundación como vía de laminación de las avenidas. En esta línea se han desarrollado experiencias en Holanda y Alemania, al igual que las que se están realizando en la propia cuenca del Arga y Aragón y en algunos tramos del Ebro. Ese es el futuro. Si desaparecen ciertas funciones ecosistémicas de los ríos, se pone en riesgo la disponibilidad de agua de calidad y peligran la mayoría de lo usos que actualmente hacemos de ellos, a la par que se hipotecan usos potenciales futuros.

Así pues, urge una buena ordenación y gestión de estos espacios que, por supuesto, puede y debe incluir labores de conservación y mantenimiento de cauces, donde -entre otras acciones en pro de la conservación-, tendrían lugar acciones de limpiezas puntuales de puentes e infraestructuras. Si a esto añadimos una política eficaz y rápida de indemnizaciones para los años excepcionales, y más las campañas de información y participación, el problema de las crecidas quedará paliado y los ríos ganarán en salud, lo cual siempre revierte en la mejora de los múltiples servicios que nos prestan.


Fuente: Noticias de Navarra
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Sorprendentemente las zonas inundables... se inundan


Pedro Brufao

Actualizado miércoles 31/07/2013

Las inundaciones en los Pirineos han vuelto a sacar a la luz pública las consecuencias del mal uso del territorio y de la falta de respeto a las zonas inundables, cuyos daños hemos podido apreciar una vez más. Las imágenes de sus efectos nos muestran que el río vuelve a esgrimir sus escrituras y recuperar así el territorio que le es propio, algo que nos recuerda con qué facilidad podríamos lamentar otro Biescas u otro Badajoz.

Lejos de felicitarnos por los múltiples beneficios que nos aportan las espectaculares crecidas de nuestros ríos pirenaicos, como la recarga de acuíferos y la regeneración natural de la cuenca, la opinión pública mayoritaria, parte de los medios de comunicación y muchos responsables públicos se dedican a echarle la culpa a la naturaleza. Es la posición típica y frecuente de los que no quieren reconocer sus errores y de los que quieren seguir obteniendo beneficios de la especulación sobre territorios en riesgo permanente.

Los ríos pirenaicos han vuelto a hablar muy claro, como lo hicieron en octubre del año pasado. Han vuelto a dibujar sus límites y a imponer su lógica natural, a demostrar la inutilidad de tantos encauzamientos, de tantas escolleras, de tantas limpiezas y dragados, que además agravan las consecuencias de las inundaciones periódicas, pues al estrecharse el cauce artificialmente, el agua con las rocas y sedimentos sale con mucha más fuerza cuando se termina la "rectificación" del cauce, mientras que debido a las motas y escolleras se impide que el agua retorne al cauce principal y al comprimir el flujo y al aumentar la presión del agua esta se inyecta en el subsuelo haciendo que las aguas subterráneas afloren a mucha distancia del río, inundando paradójicamente terrenos fuera de la zona inundable.

Por otra parte, las presas de laminación de avenidas no sirven para los grandes períodos de crecidas y dan una falsa sensación de seguridad que incita a seguir construyendo en zonas inundables, como hemos visto de nuevo en la cuenca del Guadiana este invierno, repleta de enormes embalses. Los embalses, al laminar las avenidas ordinarias reducen artificialmente el territorio fluvial, lo que agrava la inundación cuando vuelven las lluvias intensas.

Cada vez con más frecuencia

No hay duda científica alguna sobre las causas y los efectos agravados de las inundaciones, difundida desde las Universidades y entidades ciudadanas como la Fundación Nueva Cultura del Agua y Ríos con Vida.

Sin embargo, ante esta evidencia se pide insistentemente que se "limpie" el río y por la vía de urgencia. Por limpiar no se entiende librar de basura y contaminación un río, sino arrasarlo mediante el ensanchamiento del cauce y la construcción de escolleras, tapándose los ojos ante el hecho objetivo de que el aporte de sedimentos hará inútil tal dispendio de fondos públicos, derroche que se agrava por emplear la contratación por la vía extraordinaria y urgente para sucesos perfectamente estudiados y propios del clima y la geografía del lugar, que como consecuencia del cambio climático tenderán a repetirse con mayor frecuencia.

Al igual que ocurre con las sequías, en España se tratan las crecidas naturales de los ríos, propias e intrínsecas de un territorio, comosucesos extraordinarios que necesitan una respuesta urgente, sinónimo de falta de control en su licitación, y que nos sale muy cara.

El Consorcio de Compensación de Seguros y el Consejo de Estado tratan también de forma extraordinaria estos fenómenos recurrentes y ordinarios, lo cual no deja de ser un modo de subvencionar con el dinero de todos el frecuentemente pésimo urbanismo de las últimas décadas, que ha ocupado las zonas inundables con viviendas, naves industriales, carreteras, vías de ferrocarril, cámpings o aeropuertos, llegando incluso a cubrir los ríos, convirtiéndolos en alcantarillas para edificar encima. Hablando de subvenciones, el vertiginoso aumento de la superficie del olivar en la cuenca del Guadalquivir a golpe de subsidio de la UE agrava la importante erosión que ya padece esta cuenca y las inundaciones de Córdoba, Jaén y Sevilla, aportando cada año millones de toneladas de suelo fértil a un río que ha perdido sus funciones ecológicas más elementales.

En contra de la Unión Europea

El urbanismo sin control y la inutilidad y despilfarro que estas obras suponen vulneran la normativa vigente. La UE ha constatado esta realidad y apuesta por la gestión del territorio fluvial sin recurrir por sistema a tales obras de dragado y encauzamiento. Tanto la Directiva de Inundaciones como los documentos de la Comisión Europea abogan por el respeto del territorio fluvial, librándolo de construcciones en la medida de lo posible, lo que reducirá los efectos perniciosos de las inundaciones.

Las últimas reformas en la legislación del suelo nacional no han impedido que la avalancha del ladrillo siga produciendo sus efectos, como afirma el Defensor del Pueblo en un conocido informe sobre agua y territorio. A pesar de todo, contamos con muy buenas experiencias en Guipúzcoa, donde se han eliminado decenas de azudes que subían la lámina de agua y se han alzado puentes que constreñían el cauce, formando auténticos embudos, mientras que en la cuenca del Duero, en el Órbigo y el Tormes entre otros ríos, se han eliminado y alejado del cauce motas y escolleras y su nuevo plan de cuenca recoge algunas medidas querompen con el obsoleto modelo tradicional, algo que también se ha hecho de modo incipiente en la cuenca del Ebro.

Asunto de competencias urbanísticas

También son de destacar las recientes sentencias del Tribunal Supremo que libran de la urbanización a la sevillana Dehesa de Tablada por su carácter inundable, donde se querían levantar veinte mil viviendas o su sentencia sobre la zona inundable de Perales de Tajuña (Madrid). Esto contrasta con casos como los del barrio pamplonica de Rochapea, sito en plena llanura de inundación del Arga, la urbanización de las vegas inundables de Martorell (Barcelona), el aeródromo de Caldas de Reyes (Pontevedra), las vegas del Guadarrama (Madrid), el río Rato de Lugo o el aeropuerto de Córdoba. Ejemplos así hay miles.

La visión esperpéntica y deformada de quienes han de gestionar las cuencas quizás convenga económicamente a algunos, bien conectados con los organismos de cuenca y con los departamentos de obras públicas y urbanismo, y puede que suponga un efecto placebo a corto plazo para parte de la opinión pública, pero se le hace así un flaco favor al interés general, a la vida y a las propiedades de los ciudadanos, que aunque no lo sepan viven y trabajan en zonas de riesgo.

El respeto a las competencias urbanísticas y territoriales de las Comunidades Autónomas y Entes Locales no conlleva hacer la vista gorda ante esta situación y huir hacia ninguna parte; para este extraño viaje sobran enrevesados conflictos competenciales que tratan de esconder la incompetencia y la debilidad de carácter, a la vez que se echa en falta una atenta coordinación administrativa, la adopción de las medidas cautelares necesarias y la ejecución de las sentencias, haciendo caso de una vez a los estudios científicos y dotándose de una buena dosis de sentido común: Las zonas inundables… ¡se inundan!

Los ríos nos han enseñado de nuevo dónde nunca debemos construir. ¿Aprenderemos de aquí en adelante? ¿Los responsables de gestionar el territorio serán capaces por fin de renunciar a peligrosos desarrollos urbanísticos y abordarán de una vez para siempre una planificación del espacio adaptada al riesgo y fundamentada en el principio de precaución?.


Artículo elaborado por Pedro Brufao, Leandro del Moral, Askoa Ibisate, Narcís Prat y Alfredo Ollero, profesores respectivamente de las Universidades de Extremadura, Sevilla, País Vasco, Barcelona y Zaragoza.

Fuente: El Mundo
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Devolver su espacio a los ríos, clave para reducir las crecidas
Antes las numerosas inundaciones y crecidas habidas durante los últimos días en la mitad norte del país, el investigador señala que los problemas derivan en numerosas ocasiones de los diques (de tierra compactada), que “dificultan el desbordamiento de los ríos”.

Publicado por: Marina Segura Ramos 27 febrero, 2015 Madrid

Los diques y embalses tienen "muchas deficiencias" en la gestión de crecidas e inundaciones, afirma en una entrevista con EFE el científico y profesor de geografía física Alfredo Ollero, que propone "imitar" al río, dejándole espacio para desbordarse.

Antes las numerosas inundaciones y crecidas habidas durante los últimos días en la mitad norte del país, el investigador señala que los problemas derivan en numerosas ocasiones de los diques (de tierra compactada), que “dificultan el desbordamiento de los ríos”.

Además el agua discurre tan “constreñida” que se inyecta a la capa freática y, consecuencia de ello, se inundan también los campos de cultivo más lejanos al propio río.

Los sistemas humanos de defensa “son poco útiles y muchas veces contraproducentes cuando hablamos de ríos de llanura (no de montaña)”, añade Ollero, autor de una guía metodológica sobre buenas prácticas en gestión de inundaciones.

Estudios científicos y técnicos realizados en todos los países desarrollados demuestran un continuo aumento en los daños económicos por inundaciones, pese al incremento de medidas estructurales (presas, diques, escolleras) para controlar las crecidas.

Ante las crecidas, afirma el profesor de la Universidad de Zaragoza, el Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) de las confederaciones hidrográficas es “muy bueno” y permite predecir con suficiente antelación.

Otra cosa es cómo se gestionan los embalses para reducir la punta de las crecidas -con desembalses parciales-, un sistema que “tiene ventajas y desventajas”.

De un lado, “se logra bajar la punta, pero la crecida sale escalonada y dura más tiempo, lo que suele causar inundaciones muy prolongadas que generan más daños en cultivos y zonas anegadas”.

Por todas estas razones, el investigador es partidario de “imitar” al río para minimizar los perjuicios.

Los cursos fluviales “tienen que tener crecidas y disponer de su propio sistema para regular las crecidas: desbordarse. Hay que devolver espacio al río, echar las defensas hacia atrás”.

“Cuánto más espacio tenga el río, mejor se autorregulará y generará menos daños en las zonas externas”, aunque “lógicamente habría que cambiar usos del suelo dentro de esa zona no protegida”.

Entre las alternativas menciona plantaciones compatibles con las inundaciones, por ejemplo choperas, o apostar por usos ganaderos.

Recuerda, en este contexto, que a comienzos de siglo ni se construía ni se cultivaba tan cerca de los cauces, pero a partir de los años 60 ó 70 esto cambia en muchas zonas del país.

Por último, denuncia la posibilidad de dragar los ríos -como están proponiendo actualmente algunas administraciones para luchar contra estos fenómenos- por el serio daño medioambiental que implica para el ecosistema, entre otras razones porque el río, no solo es solo agua que se observa, concluye.


Fuente: Efeverde

Fuente: www.navarra.es

jueves, 9 de enero de 2014

Leído en la red: "Cuando los teléfonos móviles hacen interferencias con el ciclo del agua"

Artículo de Alberto Vizcaíno publicado en www.iagua.es, participante en el I Concurso de Blogs del Día Mundial del Agua.

En unos días, como cada 22 de marzo desde hace casi dos décadas, estaremos celebrando otra vez el Día Mundial del Agua. A pesar de ser un recurso potencialmente renovable y de los avances logrados en la materia, todavía estamos lejos de garantizar la calidad y el suministro de agua potable a todos los habitantes del planeta. Los nuevos desarrollos y la aplicación de avances, que permiten generalizar la aplicación de técnicas de potabilización y saneamiento, compiten contra las nuevas formas de contaminación y las crecientes presiones sobre el recurso.
Con más de la mitad de la población viviendo en núcleos urbanos, y una marcada tendencia global que en ese sentido, la presión que ejercen las grandes ciudades sobre el medio hídrico requiere de ingeniosas soluciones. Desde los estanques de tormentas, instalados en ciudades como Madrid, que permiten laminar las avenidas y tratar las aguas que arrastran los contaminantes depositados sobre la superficie por el transporte y la actividad cotidiana de la urbe, a actuaciones integrales de gestión de cuencas con una problemática tan compleja como la del río Bogotá en Colombia. A las actuaciones que abordan problemas propios de la configuración urbana de nuestra forma de vida, o los impactos generados por la contaminación intensiva de determinadas cuencas, se les unen nuevas formas de contaminación.
A las actuaciones que abordan problemas propios de la configuración urbana de nuestra forma de vida se les unen nuevas formas de contaminación. Así, elementos básicos de nuestra calidad de vida, como tratamientos fármacos cada vez más avanzados y complejos, acaban de alguna manera en las aguas residuales urbanas, suponiendo un reto para el tratamiento y la descontaminación. Por otro lado, en lugares con un menor nivel de desarrollo, donde los radiofármacos o tratamientos hormonales pueden ser un sueño y donde, afortunadamente, las drogas de síntesis no forman parte del ocio, existen otros retos.
La cooperación internacional ha permitido globalizar buenas prácticas en relación al uso del agua. Cuestiones tan básicas como formas de extracción que garanticen la salubridad del agua destinada a consumo humano, evitando la contaminación de pozos con aguas fecales o excrementos de los animales. O la incorporación de técnicas de saneamiento que ayuden a mantener la salubridad o eviten la contaminación de cauces.
Pero además de las grandes obras de ingeniería que permiten dar tratamiento a las aguas de los ríos más contaminados del mundo, o de las técnicas de construcción de pozos para la extracción segura de aguas subterráneas, seguimos teniendo encima de la mesa grandes retos en relación a la calidad y el suministro del agua. El ciclo integral del agua se ve afectado por fenómenos de sobreexplotación en nombre de intereses monetarios, que no son capaces de valorar el riesgo de agotar un recurso fósil para alimentar una efímera actividad turística. O por procesos de contaminación difusa propios de una intensificación agropecuaria que pone un excedente de producción al servicio de intereses especulativos.
La cooperación internacional ha permitido globalizar buenas prácticas en relación al uso del agua: extracción que garantice la salubridad del agua destinada a consumo humano, incorporación de técnicas de saneamiento. Así, no podemos entender el recurso hídrico ni su ciclo como un sistema aislado. Está clara su interacción con la biosfera, que depende total y absolutamente de agua en cantidad y calidad adecuadas para el desarrollo de las especies que viven en los distintos ecosistemas. Pero ¿cómo afecta al ciclo del agua el progreso tecnológico?
La explotación de minerales escasos requiere, en distintos puntos del planeta, la utilización de grandes cantidades de agua para el movimiento y lavado de los suelos en los que están contenidos. Agua que queda contaminada, como mínimo, con partículas en suspensión, afectando a las poblaciones acuáticas aguas abajo. La minería informal, con un alto impacto sobre el recurso hídrico, es una de las formas de extracción de metales más extendidas a lo largo de todo el planeta. Es la única salida para muchas familias, excluidas del desarrollo urbano y desplazadas de sus formas tradicionales de subsistencia por las explotaciones intensivas que ocupan los territorios que solían habitar. También es la única forma de arrancar de la tierra minerales en concentraciones tan escasas que no resultan atractivas para la minería formal. O en lugares tan recónditos a los que no resulta fácil llevar maquinaria adecuada para una extracción que reduzca el impacto ocasionado. Quizá en espacios protegidos en los que la actividad resulta ilegal y la única manera de sacar el precioso recurso sea infringiendo un daño irreversible. Podríamos estar hablando de las selvas del Congo, los conflictos bélicos, el desplazamiento de población y la desaparición de ecosistemas para especies en peligro de extinción. El impacto de la explotación del coltán está en el imaginario colectivo.
Pero también hablamos de grandes extensiones de selva en Perú. De la minería informal en Madre de Dios, donde el uso indiscriminado e ineficiente de mercurio para amalgamar oro causa la contaminación del agua utilizada en la actividad, los ecosistemas y las personas que pierden su salud para rescatar cantidades de mineral que podrían ser obtenidas recuperando eficientemente los residuos electrónicos que generamos en las ciudades. O que quizá no haría falta extraer si alargásemos la vida útil de nuestros teléfonos móviles y reutilizásemos los componentes de los aparatos eléctricos y electrónicos que son la estrella de nuestra sociedad de consumo.
Esa que, de la mano de la obsolescencia programada, genera toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. Chatarra que es exportada, en ocasiones en concepto de ayuda al desarrollo, a países donde acabarán siendo manipulada por la desesperación, en búsqueda de valiosos recursos que nosotros hemos desperdiciado. Donde alguien fundirá cables y circuitos para recuperar parte del metal. En precarios procesos sin el control ni las medidas de seguridad que eviten afecciones a la salud de las personas que los llevan a cabo. Y, nuevamente, contaminando el aire, el suelo y el agua.
Sin lugar a dudas los dispositivos eléctricos y electrónicos también son un gran aliado en el control de la cantidad y calidad del agua. Si ellos no sería posible el muestreo en continuo y el seguimiento centralizado, tanto de los cauces naturales, como de vertidos de alto riesgo o episodios de contaminación accidental. Son parte del avance necesario para hacer posible una realidad más sostenible.
Sin lugar a dudas los dispositivos eléctricos y electrónicos también son un gran aliado en el control de la cantidad y calidad del agua
Una realidad a la que hemos incorporado indicadores, como la huella hídrica, que pretenden informarnos sobre el impacto que causa nuestra forma de vida. No sólo en el entorno inmediato, en ese punto de vertido donde, después de pasar por la depuradora, acaban las redes de colectores y emisarios que alejan de nuestras casas la miseria que tiramos por el retrete. También nos informan de la cantidad de agua que se requiere para mantener nuestra dieta o producir nuestra vestimenta.
Así pues, es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros hacer uso de los datos y la información. De esa posibilidad de acceso que nos dan nuestros dispositivos móviles. Observar el mundo que nos rodea y no quedarnos sólo con la satisfacción de cada pequeña meta cumplida. Tenemos que estar al día de las consecuencias de nuestro modelo de vida. Aquí y donde quiera que alguien esté hipotecando el futuro de su descendencia, contaminando el agua con mercurio para extraer algún metal escaso. Ese metal hace funcionar los procesadores que te permiten leer este artículo de opinión en el dispositivo que antes o después sentirás la necesidad de reemplazar por otro en un proceso con un alto coste al ciclo integral del agua. Nos toca ser conscientes y actuar en consecuencia.


http://www.iagua.es/blogs/alberto-vizcaino/cuando-los-telefonos-moviles-hacen-interferencias-con-el-ciclo-del-agua

viernes, 20 de septiembre de 2013

El agua de la desigualdad

Ángel Simón (presidente ejecutivo de Agbar y presidente de Aqualogy)
Artículo publicado en El País.com el 5 de enero de 2013. Enlace

El modelo hídrico actual es ecológicamente inviable y humanitariamente insostenible. Los problemas no son de escasez, sino de mala gestión del recurso. Mejorarla es esencial para luchar contra la pobreza

La del agua es la historia de la humanidad, una preocupación constante en el origen del progreso de los pueblos. Las grandes civilizaciones nacieron y se desarrollaron cerca de o en torno al agua. Su carácter holístico, su complejidad, su naturaleza de poliedro platónico: el icosaedro, hace que tenga múltiples puntos de vista. No puede abordarse desde un solo ángulo. Ahora, abrumados por lo que se desmorona a nuestro alrededor, cuando buscamos nuevos paradigmas que nos lleven a recuperar la senda del progreso, perdemos de vista lo que emerge más allá de nuestro entorno cercano. Nos anega una inseguridad convertida en la nueva normalidad que destruye la confianza, perdiendo de vista que lo nuevo trata de abrirse paso. Desde la cuestionada abundancia de nuestro mundo desarrollado, tratamos de resolver el ahora sin pensar en un mañana que sin duda será distinto y olvidamos que hay otros espacios en donde las personas malviven. Ese mañana será imposible si no entendemos el agua, tal como ha ocurrido a lo largo de la historia, como el gran vector / bisectriz orientado hacia un futuro mejor en un plano definido por las coordenadas de bienestar y cooperación.

Naciones Unidas ha declarado 2013 Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua, en el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que afectan mayoritariamente al acceso al agua y el saneamiento. En 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos olvidó incluir el agua como derecho fundamental. Se subsanó apenas hace dos años; pero dista de ser realidad en una gran parte del planeta. Le seguridad opulenta de Occidente, de las llamadas sociedades desarrolladas, está en el origen del olvido. Habituados a su disfrute como un producto más de uso y consumo cotidiano, sabemos lo que cuesta pero ignoramos lo que vale. Sin embargo, el agua tiene un papel articulador en el desarrollo de cada comunidad por su impacto en la calidad de vida. Ahora, quizá más que nunca, ocupa un lugar central en la exploración de respuestas para un mundo en crisis y sujeto a profundos cambios porque implica dinamismo, fluidez, libertad…

Hay demasiado ruido semántico en torno al agua. El discurso dominante, al igual que en otros grandes asuntos promovidos por Naciones Unidas como el hambre o el cambio climático, es habitualmente plano, enfático, repetitivo, burocratizado…, con escaso valor añadido, tintes abstractos y declaración de buenas intenciones, de principios trufados de números. Llega a los ciudadanos de modo más bien difuso, fragmentado, cuando no interesado. Hay que conectar el discurso con la realidad de las personas y debemos saludar que, en esta ocasión, se haya puesto el acento en la cooperación porque implica lealtad, alude a la gestión y el uso de los recursos hídricos entre protagonistas diversos, invita a actuar juntos con el objetivo común de alcanzar beneficios colectivos. Será una oportunidad para debatir, divulgar determinados temas y consensuar prioridades.

Habituados al disfrute cotidiano del agua sabemos lo que cuesta, pero no lo que vale

Hoy, lo que podemos y debemos compartir es el conocimiento. El conocimiento no compartido pierde todo su valor y capacidad dinamizadora de la humanidad. Los más afectados por los problemas son siempre los más desfavorecidos, los más vulnerables, los más pobres. Será una gran ocasión para reflexionar sobre un modelo renovado de colaboración basada en el conocimiento, diferenciada de la solidaridad y la caridad, conceptos ambos de reacción urgente y coyuntural, siempre condenados al olvido. El ciclo del agua y su influencia en el desarrollo de las sociedades no es un fenómeno novedoso, se remonta a las culturas hídricas que están en el origen de las grandes civilizaciones e impulsaron la economía, la cultura, el desarrollo social. El agua sigue siendo un sueño para casi 1.000 millones de personas.

La crisis que nos sobresaltó en 2008 ha distanciado dos polos: la necesidad de compartir y cooperar de la mayoría, frente a la voracidad de atesorar de la minoría. El agua requiere un nuevo enfoque que pasa por poner en el centro de las preocupaciones a las personas, porque es vital para su alimentación y calidad de vida. Motivos más que suficientes para combatir cualquier veleidad especulativa o depredadora. Al contrario, debemos poner el conocimiento atesorado al servicio de la humanidad: aplicar lo que sabemos y aprender, de nuevo, cada vez que aplicamos algo para revertirlo en otros lugares. Esa es la esencia de la cooperación, el trabajo compartido, la búsqueda de objetivos comunes que pasan por el dominio de la tecnología, la innovación, el planeamiento… El agua es una realidad global, pero su problemática concreta es siempre local.

Las personas, el género humano, son el centro de un triángulo cuyos vértices se interrelacionan: agua, energía y alimentos. Las previsiones de crecimiento de la población apuntan a que en apenas unos decenios seremos 9.000 millones de habitantes en el planeta. Los datos y realidades son insoslayables: los objetivos del milenio para 2014 no se van a cumplir, sobre todo en lo que concierne al saneamiento, aunque se ha mejorado sustancialmente el acceso. El crecimiento demográfico y el proceso de concentración urbana que vivimos representa más necesidad de alimentos, más agua para producirlos, más energía para transportarla. Agua y energía han sido realidades inconexas hasta finales del siglo XX. En Occidente no lo valoramos lo suficiente porque tenemos ambas cosas. Sin embargo, es un sueño para casi 1.000 millones de personas. Estas diferencias abismales nos hacen concluir que el modelo hídrico actual no es solo ecológicamente inviable sino también humanitariamente insostenible.

Los objetivos del milenio para 2014 no se van a cumplir en lo relativo al saneamiento

Ese triángulo remite otro formado por el talento, el conocimiento y el compromiso que a su vez implican capacidad de compresión y actitud receptiva ante las necesidades de los demás y las singularidades de cada lugar. Tierra / cultivos y personas / alimentos están expectantes ante una posible mejora. Ello, a su vez, generará innovación, tecnología, eficiencia…, desarrollo en fin. Un objetivo imposible si no prevalece la sensatez, a nivel local y global. La gestión eficiente de los recursos es un componente esencial de la lucha contra la pobreza en el mundo. Perviven visiones enraizadas en el pasado, en la cultura y el sentir de las personas que dificultan sintonizar con una nueva política del agua que responda a esta realidad cambiante y esté alejada de la avidez especulativa. Una nueva perspectiva trasciende la idea de negocio, entendido como mero resultado del manejo del ciclo de captación, tratamiento, distribución, depuración… sin tener en cuenta los desafíos, la forma de hacerles frente, el entorno y hasta la concepción del propio elemento. Debe traducirse en actuaciones concretas en cada lugar, compete a todos los agentes implicados. Estamos obligados a colaborar para dar paso al futuro. Los problemas del agua en el mundo no se deben tanto a la escasez como a una mala gestión del recurso. Es una cuestión de buena gobernanza: en las condiciones actuales, la búsqueda de un futuro de progreso exige más que nunca la colaboración entre los sectores público y privado, una buena orquestación de iniciativas y esfuerzos. De lo contrario, no encontraremos la salida del laberinto. Este ha sido el problema principal de países como España donde se ha confundido especulador con emprendedor, financiación con iniciativa.

Los ciudadanos, sus representantes, las instituciones, el ámbito de la investigación y la tecnología, las empresas, los medios de comunicación… todos, en definitiva, estamos convocados a aunar esfuerzos para construir un discurso comprensible, integrado, movilizador y ajeno a cualquier vacío ético. El cambio que necesitamos, ese nuevo paradigma a que aspiramos, solo será realidad con credibilidad, confiabilidad, institucionalidad. El planeta es un espacio global en donde saber compartir debería formar parte de la realidad cotidiana como esencia profunda del género humano. Son tiempos nuevos, en los que el bienestar, el progreso y la calidad de vida solo podrán abrirse camino compartiendo talento, tecnología y conocimiento para dejar de ser náufragos a la deriva, producto de una crisis cósmica.