Según datos oficiales, en Castilla y León se repoblaron 72.492 ha en el periodo 2003-2006 (cuatro años). Esto hace una media de 18.123 ha anuales. De la superficie total, 2.945 ha corresponden a montes en régimen privado, 42.080 ha a forestación de tierras agrícolas y 27.467 ha a repoblaciones de la Junta en montes de U.P., consorcios y convenios.
Por provincias, la que ocupa el primer puesto en hectáreas repobladas es León (27.897 ha), seguida por Burgos (11.233 ha). En el otro extremo se sitúa Salamanca con sólo 2.783 ha.
Estas cifras están extraídas del informe de medio ambiente 2005-2006 de la Junta de Castilla y León, del que se pueden extraer también las labores desarrolladas en cuanto a investigación sobre restauración forestal:
- Desarrollo de nuevas técnicas de cultivo para semillas con carácter recalcitrante.
- Desarrollo del sistema de cultivo in vitro para material cualificado de especies de madera de calidad.
- Desarrollo de la línea de conservación de recursos genéticos forestales para especies y poblaciones singulares, amenazadas o en peligro de extinción.
- Seguimiento en campo de cepas madre de clones autorizados de chopo en cada una de las provincias.
- Mantenimiento y nuevos establecimientos de parcelas de ensayo de procedencias para las especies principales utilizadas en repoblaciones en Castilla y León.
- Mantenimiento del banco clonal.
- Desarrollo de métodos de conservación de recursos foresytales ex situ.
No es por arrimar el ascua a mi sardina, pero echo de menos una línea de investigación sobre nuevas técnicas de restauración forestal en zonas secas, degradadas, desertificadas y erosionadas, de las que en Castilla y León no estamos faltos.
viernes, 18 de abril de 2008
jueves, 17 de abril de 2008
Los ríos son los ecosistemas más vulnerables a las especies invasoras
Según aparece en el periódico Tribuna de la Ciencia, en Castilla y León los ríos son los ecosistemas más vulnerables a las especies invasoras (especies exóticas que se establecen en un ecosistema natural o seminatural y amenaza su diversidad biológica). Esto lo dice el Grupo Especialista en Invasiones Biológicas (GEIB) que, por cierto, tienen un libro magnífico sobre las 20 especies invasoras más peligrosas de nuestro país. Las especies invasoras más frecuentes en nuestros ríos son -de momento- la trucha arcoiris, el cangrejo rojo y el cangrejo señal. Su introducción y expansión se debe principalmente a la introducción por los pescadores y por la administración, amen de otros errores de gestión. Seguro que este tema aflora en el Curso sobre Restauración de Ríos y Riberas de Palencia que ya se está preparando, un año más, para el mes de julio.

www.laguarderia.net

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Los efectos del cambio climático
Hace un par de días asistí a una charla sobre el cambio climático que una alumna mía, que asistió al encuentro con Al Gore en Sevilla, ofreció en nuestra Universidad, dentro del marco de las V Jornadas Forestales. El debate posterior a la charla dejó claro que no hay unanimidad en la opinión pública, y me temo que tampoco entre los investigadores hay "pensamiento único". Dejando a un lado esta controversia tan interesante, para mi lo más importante es qué efectos puede tener un posible calentamiento global y qué podemos hacer para mitigarlos. En las XIII Jornadas Ambientales de Salamanca, el profesor Pedro Ramos ha expresado que la falta de agua y la disminución de las tierras fértiles serán los efectos más graves. En su opinión, la amenaza más grave es el agravamiento de la ya irregular distribución del agua en el planeta, de forma que se multiplicarán los conflictos sobre este recurso escaso. Por otra parte, el aumento de las temperaturas acarreará el problema de la disminución de la tierra útil para el hombre, por la reducción del suelo fértil y por el aumento del nivel de las aguas marinas.

ww.andaluciaimagen.com

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domingo, 13 de abril de 2008
El antialcorque
En un jardín de Valladolid, podemos observar una muestra de nuestra cultura actual, consistente en dar la espalda a los conocimientos tradicionales, por muy útiles que sigan siendo. En vez de recoger agua para ofrecérsela al árbol mediante la construcción de un sencillo alcorque de tierra, le dotamos de un "antialcorque", para intentar que el agua no se infiltre en sus cercanías.

Foto: J.Mongil
Foto: J.Mongil
Un escarabajo que ayuda a la regeneración de los Quercus
Según cuenta el gabinete de prensa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), un equipo de este organismo en colaboración con la Universidad de Alicante, ha descubierto que Thorectes lusitanicus es la primera especie de escarabajo conocida capaz de arrastrar, consumir y enterrar las bellotas de diferentes especies de Quercus, como alcornoques, encinas y robles. Una vez enterradas, los coleópteros comienzan a comerse las bellotas y, a veces, se refugian dentro durante todo el invierno. Este comportamiento inédito en una especie de hábitos coprófagos facilita la supervivencia y germinación de las semillas, así como su protección frente a predadores, como aves y roedores. Dado que los coleópteros inician el consumo por la parte más alejada del embrión y las bellotas no son consumidas del todo, muchas semillas pueden generar nuevas plántulas.
Todavía falta por conocer qué porcentaje de las bellotas enterradas por los escarabajos son capaces de generar nuevas plántulas, y saber si la variación en la tasa de enterramiento y germinación depende de la composición vegetal y de la presencia de vertebrados herbívoros.

Fuente: www.csic.es/prensa
Todavía falta por conocer qué porcentaje de las bellotas enterradas por los escarabajos son capaces de generar nuevas plántulas, y saber si la variación en la tasa de enterramiento y germinación depende de la composición vegetal y de la presencia de vertebrados herbívoros.

Fuente: www.csic.es/prensa
jueves, 10 de abril de 2008
La densidad en la restauración forestal de zonas secas (II). Ventaja de las densidades bajas
En la bibliografía puede encontrarse, como defensor firme y clásico de las densidades bajas en zonas áridas y semiáridas, a Messines, que cree que, considerando los datos de evapotranspiración de estas zonas, sería absurdo intentar crear un dosel forestal completo. Por ejemplo, para la región norteafricana de Tripolitania, este autor recomienda plantar los árboles muy espaciados, como se hizo en la Reserva Forestal de Gasr-el-Hag con Acacia tortilis. En las plantaciones de Acacia cyanophylla la densidad empleada fue como máximo 800-900 plantas/ha en esta región árida, mientras que en Túnez, que es una zona algo más húmeda, se empleó el doble o triple número de plantas (2.000 a 2.500 pies/ha). Otro ejemplo es el de las repoblaciones con eucaliptos en suelos arenosos estables, donde se plantaron solamente unos 150 pies/ha, con espaciamiento de 8 x 8 m.
Una crítica frecuente a altas densidades se centra en que con un elevado número de plantas por hectárea se crean bosques monótonos y, en muchas ocasiones, monoespecíficos, con una escasa biodiversidad. Quienes así argumentan contemplan a los oquedales o dehesas como las formaciones óptimas a imitar en una restauración bajo clima mediterráneo.
Ruiz de la Torre destaca el papel de las cubiertas claras en la regulación de las aguas. En primer lugar, los denominados “parques”, estructuras con árboles o arbustos espaciados sobre fondo de matorral, pastizal o mezcla de ambos, están representados en España principalmente por los montes adehesados, los sabinares y los enebrales. A efectos de regulación hidrológica, su influencia es baja y la cuantía de la erosión depende de la tasa de cubierta del estrato bajo, mientras que el gasto consuntivo de agua es, en general, reducido, mayor en dehesas con pastizal denso.
Por otro lado se encuentran los matorrales, que suponen la formación infraarbórea más extendida en España. Entre ellos, la mancha cerrada es un matorral arbustivo muy denso, con erosión despreciable, elevada regulación de agua y escaso consumo. La garriga, matorral alto, generalmente de espesura incompleta, da erosión muy reducida, regulación importante y bajo gasto de agua. Los restantes tipos de matorrales son mayoritariamente de cubierta media a baja (entre el 35 % y el 65 %), con erosión apreciable que varía según el tipo de aprovechamiento (muy elevada en el caso de sobrepastoreo de caprino), regulación muy baja y escaso consumo de agua, siendo éste mayor en brezales, escobonales y agrupaciones afines.
Por su parte, los herbazales densos, como los prados de diente y siega y otros pastizales higrófilos, protegen de la erosión pero no producen regulación apreciable y tienen elevado gasto consuntivo de agua. Los pastizales xerófilos y estacionales, de cubierta incompleta y de duración parcial en el tiempo, proporcionan limitada protección frente a la erosión y la regulación es baja, igual que el gasto consuntivo de agua por evapotranspiración.
Finalmente, las cubiertas rastreras y claras de zonas semiáridas, como tomillares y jaguarcillares (con Helianthemum, Fumana, etc.) degradados no producen defensa apreciable frente a la erosión, la regulación es baja y muy reducido el gasto de agua.
Con esta breve descripción de las formaciones vegetales no arbóreas más frecuentes en España se pretende resaltar que no sólo mediante el establecimiento de un bosque denso se consigue la restauración de una ladera degradada y erosionada en una zona árida o semiárida, sino que en algunas ocasiones puede ser muy efectiva la combinación de varios tipos de formaciones, en especial si se desea favorecer el paisaje y la caza.
Es muy interesante también conocer que, con frecuencia, las repoblaciones forestales en zonas áridas, planteadas según esquemas tradicionales, no han demostrado ser eficaces en cuanto a la recuperación del ecosistema original. Algunos investigadores, en base a experiencias recientes, aseguran que formaciones vegetales de la sucesión vegetal (pastizal seco o matorral) pueden reducir la escorrentía superficial y la erosión al igual que las formaciones resultantes de repoblaciones con pino carrasco (pino con matorral o pino con pastizal seco). Otros proponen la plantación dispersa de árboles o la repoblación en rodales para ampliar el efecto borde (por lo tanto se crean ecotonos, es decir, zonas de transición entre bosques y otro tipo de formaciones) y, en consecuencia, se aumenta la biodiversidad y la generación de suelo. Según estos autores, atendiendo al punto de vista ecológico, interesan densidades de repoblación bajas (no crear bosques sino dehesas o montes huecos). De hecho, en muchos lugares del sureste español, la aridez y la litología impiden una espesura arbórea completa.
En un estudio llevado a cabo en Las Bardenas Reales (Navarra), se ha comprobado que las repoblaciones tradicionales con pino carrasco no contribuyen a la formación de suelo y han supuesto una disminución de la biodiversidad. Sin embargo, en la misma área, en bosquetes adehesados de pino carrasco situados en los límites de las repoblaciones, así como en las áreas naturales degradadas de matorral mediterráneo con vegetación arbórea dispersa, se producen las siguientes circunstancias:
- Un aumento de la humedad relativa debido al efecto de sombra de la vegetación arbórea, con disminución de la insolación y de la evaporación respecto al biotopo abierto.
- Un depósito de materiales minerales transportados por el viento y, aunque los autores citados no lo mencionan, también por el agua.
- Una disminución relativa del aporte de materia orgánica en forma de acículas y un aumento de su heterogeneidad (al incrementarse la diversidad de especies vegetales) en comparación con las áreas repobladas.
En opinión de González Alonso y sus colaboradores, si se llegase a demostrar que en las transiciones entre las repoblaciones de pino y el matorral mediterráneo se produce un incremento de la biodiversidad, podrían plantearse las repoblaciones en zonas áridas mediterráneas, sobre todo para aquéllas en las que se ha abandonado el uso agrícola, con unos criterios más ecológicos. De esta manera, mediante la repoblación no necesariamente arbórea, se constituiría una base para el estudio de un sistema de recuperación de las zonas áridas basado en una plantación dispersa de árboles o rodales, que amplíe el efecto ecotonal y, en consecuencia, aumente la biodiversidad y la generación de suelo.
Froilán Sevilla opina que las densidades muy bajas también tienen algunos inconvenientes, por ejemplo que el efecto visual de artificialidad de las plantaciones alineadas es muy duradero. Por eso recomienda, en el caso de que la densidad sea menor de 250 pies/ha, distribuir las plantas de forma más o menos homogénea en toda la superficie, o bien concentrarlas en determinadas zonas como, por ejemplo, en las vaguadas.
Como principal conclusión de lo expuesto hasta ahora, puede decirse que la cantidad de agua disponible para cada árbol en una repoblación es inversamente proporcional a la densidad de plantación. Por lo tanto, para que los brinzales no entren en competencia por el agua edáfica, deben diseñarse las plantaciones con amplios espaciamientos.

Repoblación mediante ahoyado mecanizado en Cabezón de Pisuerga (Valladolid) (Foto: J. Mongil)
Una crítica frecuente a altas densidades se centra en que con un elevado número de plantas por hectárea se crean bosques monótonos y, en muchas ocasiones, monoespecíficos, con una escasa biodiversidad. Quienes así argumentan contemplan a los oquedales o dehesas como las formaciones óptimas a imitar en una restauración bajo clima mediterráneo.
Ruiz de la Torre destaca el papel de las cubiertas claras en la regulación de las aguas. En primer lugar, los denominados “parques”, estructuras con árboles o arbustos espaciados sobre fondo de matorral, pastizal o mezcla de ambos, están representados en España principalmente por los montes adehesados, los sabinares y los enebrales. A efectos de regulación hidrológica, su influencia es baja y la cuantía de la erosión depende de la tasa de cubierta del estrato bajo, mientras que el gasto consuntivo de agua es, en general, reducido, mayor en dehesas con pastizal denso.
Por otro lado se encuentran los matorrales, que suponen la formación infraarbórea más extendida en España. Entre ellos, la mancha cerrada es un matorral arbustivo muy denso, con erosión despreciable, elevada regulación de agua y escaso consumo. La garriga, matorral alto, generalmente de espesura incompleta, da erosión muy reducida, regulación importante y bajo gasto de agua. Los restantes tipos de matorrales son mayoritariamente de cubierta media a baja (entre el 35 % y el 65 %), con erosión apreciable que varía según el tipo de aprovechamiento (muy elevada en el caso de sobrepastoreo de caprino), regulación muy baja y escaso consumo de agua, siendo éste mayor en brezales, escobonales y agrupaciones afines.
Por su parte, los herbazales densos, como los prados de diente y siega y otros pastizales higrófilos, protegen de la erosión pero no producen regulación apreciable y tienen elevado gasto consuntivo de agua. Los pastizales xerófilos y estacionales, de cubierta incompleta y de duración parcial en el tiempo, proporcionan limitada protección frente a la erosión y la regulación es baja, igual que el gasto consuntivo de agua por evapotranspiración.
Finalmente, las cubiertas rastreras y claras de zonas semiáridas, como tomillares y jaguarcillares (con Helianthemum, Fumana, etc.) degradados no producen defensa apreciable frente a la erosión, la regulación es baja y muy reducido el gasto de agua.
Con esta breve descripción de las formaciones vegetales no arbóreas más frecuentes en España se pretende resaltar que no sólo mediante el establecimiento de un bosque denso se consigue la restauración de una ladera degradada y erosionada en una zona árida o semiárida, sino que en algunas ocasiones puede ser muy efectiva la combinación de varios tipos de formaciones, en especial si se desea favorecer el paisaje y la caza.
Es muy interesante también conocer que, con frecuencia, las repoblaciones forestales en zonas áridas, planteadas según esquemas tradicionales, no han demostrado ser eficaces en cuanto a la recuperación del ecosistema original. Algunos investigadores, en base a experiencias recientes, aseguran que formaciones vegetales de la sucesión vegetal (pastizal seco o matorral) pueden reducir la escorrentía superficial y la erosión al igual que las formaciones resultantes de repoblaciones con pino carrasco (pino con matorral o pino con pastizal seco). Otros proponen la plantación dispersa de árboles o la repoblación en rodales para ampliar el efecto borde (por lo tanto se crean ecotonos, es decir, zonas de transición entre bosques y otro tipo de formaciones) y, en consecuencia, se aumenta la biodiversidad y la generación de suelo. Según estos autores, atendiendo al punto de vista ecológico, interesan densidades de repoblación bajas (no crear bosques sino dehesas o montes huecos). De hecho, en muchos lugares del sureste español, la aridez y la litología impiden una espesura arbórea completa.
En un estudio llevado a cabo en Las Bardenas Reales (Navarra), se ha comprobado que las repoblaciones tradicionales con pino carrasco no contribuyen a la formación de suelo y han supuesto una disminución de la biodiversidad. Sin embargo, en la misma área, en bosquetes adehesados de pino carrasco situados en los límites de las repoblaciones, así como en las áreas naturales degradadas de matorral mediterráneo con vegetación arbórea dispersa, se producen las siguientes circunstancias:
- Un aumento de la humedad relativa debido al efecto de sombra de la vegetación arbórea, con disminución de la insolación y de la evaporación respecto al biotopo abierto.
- Un depósito de materiales minerales transportados por el viento y, aunque los autores citados no lo mencionan, también por el agua.
- Una disminución relativa del aporte de materia orgánica en forma de acículas y un aumento de su heterogeneidad (al incrementarse la diversidad de especies vegetales) en comparación con las áreas repobladas.
En opinión de González Alonso y sus colaboradores, si se llegase a demostrar que en las transiciones entre las repoblaciones de pino y el matorral mediterráneo se produce un incremento de la biodiversidad, podrían plantearse las repoblaciones en zonas áridas mediterráneas, sobre todo para aquéllas en las que se ha abandonado el uso agrícola, con unos criterios más ecológicos. De esta manera, mediante la repoblación no necesariamente arbórea, se constituiría una base para el estudio de un sistema de recuperación de las zonas áridas basado en una plantación dispersa de árboles o rodales, que amplíe el efecto ecotonal y, en consecuencia, aumente la biodiversidad y la generación de suelo.
Froilán Sevilla opina que las densidades muy bajas también tienen algunos inconvenientes, por ejemplo que el efecto visual de artificialidad de las plantaciones alineadas es muy duradero. Por eso recomienda, en el caso de que la densidad sea menor de 250 pies/ha, distribuir las plantas de forma más o menos homogénea en toda la superficie, o bien concentrarlas en determinadas zonas como, por ejemplo, en las vaguadas.
Como principal conclusión de lo expuesto hasta ahora, puede decirse que la cantidad de agua disponible para cada árbol en una repoblación es inversamente proporcional a la densidad de plantación. Por lo tanto, para que los brinzales no entren en competencia por el agua edáfica, deben diseñarse las plantaciones con amplios espaciamientos.
Repoblación mediante ahoyado mecanizado en Cabezón de Pisuerga (Valladolid) (Foto: J. Mongil)
La densidad en la restauración forestal de zonas secas (I). La experiencia en repoblaciones
La elección de la densidad, es decir, del número de pies por unidad de superficie, es una de las primeras decisiones que el técnico debe adoptar a la hora de proyectar una repoblación forestal protectora, junto con el marco de plantación. Éste es uno de los principales temas de debate en la actualidad, debido a que no existe un criterio técnico operativo para fijar este dato fundamental en toda repoblación. Por esta razón, normalmente se acude a la experiencia (repoblaciones pretéritas realizadas por otros técnicos) o a cifras de referencia que pueden encontrarse en la bibliografía.
En las repoblaciones forestales de zonas áridas y semiáridas, la densidad de plantación toma mayor importancia, si cabe, puesto que hay un factor limitante que es el agua, recurso fundamental y escaso de las masas forestales, por el que deben competir las plantas introducidas en la repoblación. De ahí la trascendencia de encontrar un método sencillo, que dé soluciones justificadas y que sirva de guía al técnico en el momento de tomar sus decisiones.
El criterio general básico empleado hasta la fecha consiste en elegir una densidad tal que en un plazo breve de 5, 10 ó 15 años, la vegetación introducida junto con la inducida proteja al suelo suficientemente frente a la erosión. Sin embargo, cuando la plantación es densa se disminuye considerablemente el espacio edáfico y aéreo disponible para cada planta, por lo que se frena su desarrollo más rápidamente. Por eso deben armonizarse dos aspectos: la formación de una cubierta completa de copas y el espacio necesario para el crecimiento.
El criterio selvícola clásico para fijar la densidad mínima consiste en elegir aquella densidad de plantación que permita, sin marras, llegar a un fustal maduro en espesura normal. Se trata entonces de fijar el número de árboles que son necesarios para ocupar de manera rápida el espacio destinado a su desarrollo. Desde este punto de vista meramente selvícola, lo ideal es una repoblación densa en la que se vayan haciendo sucesivos clareos para que siempre queden satisfechos los requerimientos de espacio, agua y nutrientes, según éstos aumentan al hacerlo el tamaño de la población de árboles. Siguiendo a García Salmerón (1991), otras dos ideas a tener en cuenta al respecto son:
- Las repoblaciones protectoras deben ser más densas que las productoras, ya que deben proteger el suelo frente a la erosión.
- Las especies de temperamento de sombra necesitan una mayor densidad que las especies de luz.
Otros autores recomiendan que la densidad se elija en función de una serie de factores selvícolas y económicos:
a) Selvícolas
- Temperamento de la especie
- Posibilidad de la especie de brotar de cepa o de raíz
- Porte de la especie
b) Económicos
- Objetivo de la repoblación
- Existencia de mercado de maderas finas
- Coste de las operaciones de repoblación
- Previsión de que se efectuarán claras o clareos. La cuestión de si se aclarará la masa es crucial a la hora de elegir la densidad inicial.
Sin embargo, en repoblaciones en las que la función protectora sea la fundamental, deberán considerarse exclusivamente los factores ecológicos, dejando a un lado los aspectos económicos. Por este motivo, la selvicultura clásica afirma que la densidad en repoblaciones protectoras debe ser más alta, debido a que se debe conseguir la protección del suelo en el menor tiempo posible, aunque hace la salvedad de repoblaciones en las que se pretenda avanzar en la sucesión vegetal e incrementar la biodiversidad, en las que la densidad suele ser baja para favorecer la colonización espontánea de otras especies.
Froilán Sevilla da una relación de posibles razones para elegir entre una densidad elevada o baja. Por ejemplo, en estaciones secas –lógicamente por la falta de agua- se aconsejan densidades bajas; si se desea un rápido establecimiento de los sistemas radicales para el control de la erosión, la densidad debe ser alta; y la densidad también tendrá que ser baja si se realizan preparaciones puntuales en vez de areales.
Desde un punto de vista diferente al meramente ecológico, existe en la actualidad una tendencia a reducir la densidad de plantación, por varios motivos:
- La planta producida actualmente en viveros es de mejor calidad, y por lo tanto con mayor garantía de supervivencia (planta más cuidada, endurecida, con cepellón, micorrizada).
- Las preparaciones del terreno son ahora también de mayor calidad, debido a la potencia de la maquinaria utilizada.
- Los clareos no son económicamente rentables.
- Las altas densidades inducen un mayor peligro de incendios, debido a que las masas densas sin aclarar se convierten en grandes acumulaciones de combustible con continuidad horizontal y vertical.
- La consecución de espesura completa es imposible en climas áridos y semiáridos, por razón de la escasez de agua. En general, a mayor calidad de estación mayor cantidad de recursos y, por lo tanto, mayor número de árboles por unidad de superficie pueden establecerse. Si se concreta esta idea para el recurso agua, en un lugar seco el espaciamiento debe ser mayor para lograr un reparto satisfactorio de este recurso escaso.
Deteniéndose en cifras concretas, y haciendo un repaso histórico y geográfico de las mismas, García Salmerón (1991) explica que en Centroeuropa ha existido una clara preferencia por las altas densidades (superiores a 6.000 pies/ha), con una tendencia actual a reducirlas hasta los 2.500 ó 3.000 pies/ha. Algo diferente era la situación en Estados Unidos, donde se postulaban inicialmente espesuras ligeramente superiores a las europeas (del orden de 7.000 pies/ha), llegando en la actualidad a unos 1.800 pies/ha en zonas secas y unos 2.900 pies/ha en las zonas más húmedas.
Frente a estos criterios tradicionales aparece el criterio mediterráneo, que se debate entre la pequeña densidad que recomienda la escasez de humedad y la solución contraria, aconsejada por la tendencia a la ramificación y tortuosidad de fustes de la vegetación xerófila como respuesta a la sequedad. La tendencia actual, considerando la degradación de los suelos forestales, pobres en nutrientes, y sobre todo apoyándose en la escasez de precipitaciones, es pensar que nuestros montes no pueden soportar espaciamientos pequeños.
El Patrimonio Forestal del Estado, antiguo órgano encargado de las repoblaciones forestales en España, proyectaba 3.000 hoyos/ha en terrenos húmedos y 2.500 hoyos/ha en zonas secas. Posteriormente, el ICONA redujo esas densidades a 1.500 y 1.100 pies/ha, respectivamente, para ambientes húmedos y secos. Una buena referencia a los espaciamientos utilizados en la actualidad en nuestro país puede encontrarse en el programa de forestación de Castilla y León.
En las repoblaciones forestales de zonas áridas y semiáridas, la densidad de plantación toma mayor importancia, si cabe, puesto que hay un factor limitante que es el agua, recurso fundamental y escaso de las masas forestales, por el que deben competir las plantas introducidas en la repoblación. De ahí la trascendencia de encontrar un método sencillo, que dé soluciones justificadas y que sirva de guía al técnico en el momento de tomar sus decisiones.
El criterio general básico empleado hasta la fecha consiste en elegir una densidad tal que en un plazo breve de 5, 10 ó 15 años, la vegetación introducida junto con la inducida proteja al suelo suficientemente frente a la erosión. Sin embargo, cuando la plantación es densa se disminuye considerablemente el espacio edáfico y aéreo disponible para cada planta, por lo que se frena su desarrollo más rápidamente. Por eso deben armonizarse dos aspectos: la formación de una cubierta completa de copas y el espacio necesario para el crecimiento.
El criterio selvícola clásico para fijar la densidad mínima consiste en elegir aquella densidad de plantación que permita, sin marras, llegar a un fustal maduro en espesura normal. Se trata entonces de fijar el número de árboles que son necesarios para ocupar de manera rápida el espacio destinado a su desarrollo. Desde este punto de vista meramente selvícola, lo ideal es una repoblación densa en la que se vayan haciendo sucesivos clareos para que siempre queden satisfechos los requerimientos de espacio, agua y nutrientes, según éstos aumentan al hacerlo el tamaño de la población de árboles. Siguiendo a García Salmerón (1991), otras dos ideas a tener en cuenta al respecto son:
- Las repoblaciones protectoras deben ser más densas que las productoras, ya que deben proteger el suelo frente a la erosión.
- Las especies de temperamento de sombra necesitan una mayor densidad que las especies de luz.
Otros autores recomiendan que la densidad se elija en función de una serie de factores selvícolas y económicos:
a) Selvícolas
- Temperamento de la especie
- Posibilidad de la especie de brotar de cepa o de raíz
- Porte de la especie
b) Económicos
- Objetivo de la repoblación
- Existencia de mercado de maderas finas
- Coste de las operaciones de repoblación
- Previsión de que se efectuarán claras o clareos. La cuestión de si se aclarará la masa es crucial a la hora de elegir la densidad inicial.
Sin embargo, en repoblaciones en las que la función protectora sea la fundamental, deberán considerarse exclusivamente los factores ecológicos, dejando a un lado los aspectos económicos. Por este motivo, la selvicultura clásica afirma que la densidad en repoblaciones protectoras debe ser más alta, debido a que se debe conseguir la protección del suelo en el menor tiempo posible, aunque hace la salvedad de repoblaciones en las que se pretenda avanzar en la sucesión vegetal e incrementar la biodiversidad, en las que la densidad suele ser baja para favorecer la colonización espontánea de otras especies.
Froilán Sevilla da una relación de posibles razones para elegir entre una densidad elevada o baja. Por ejemplo, en estaciones secas –lógicamente por la falta de agua- se aconsejan densidades bajas; si se desea un rápido establecimiento de los sistemas radicales para el control de la erosión, la densidad debe ser alta; y la densidad también tendrá que ser baja si se realizan preparaciones puntuales en vez de areales.
Desde un punto de vista diferente al meramente ecológico, existe en la actualidad una tendencia a reducir la densidad de plantación, por varios motivos:
- La planta producida actualmente en viveros es de mejor calidad, y por lo tanto con mayor garantía de supervivencia (planta más cuidada, endurecida, con cepellón, micorrizada).
- Las preparaciones del terreno son ahora también de mayor calidad, debido a la potencia de la maquinaria utilizada.
- Los clareos no son económicamente rentables.
- Las altas densidades inducen un mayor peligro de incendios, debido a que las masas densas sin aclarar se convierten en grandes acumulaciones de combustible con continuidad horizontal y vertical.
- La consecución de espesura completa es imposible en climas áridos y semiáridos, por razón de la escasez de agua. En general, a mayor calidad de estación mayor cantidad de recursos y, por lo tanto, mayor número de árboles por unidad de superficie pueden establecerse. Si se concreta esta idea para el recurso agua, en un lugar seco el espaciamiento debe ser mayor para lograr un reparto satisfactorio de este recurso escaso.
Deteniéndose en cifras concretas, y haciendo un repaso histórico y geográfico de las mismas, García Salmerón (1991) explica que en Centroeuropa ha existido una clara preferencia por las altas densidades (superiores a 6.000 pies/ha), con una tendencia actual a reducirlas hasta los 2.500 ó 3.000 pies/ha. Algo diferente era la situación en Estados Unidos, donde se postulaban inicialmente espesuras ligeramente superiores a las europeas (del orden de 7.000 pies/ha), llegando en la actualidad a unos 1.800 pies/ha en zonas secas y unos 2.900 pies/ha en las zonas más húmedas.
Frente a estos criterios tradicionales aparece el criterio mediterráneo, que se debate entre la pequeña densidad que recomienda la escasez de humedad y la solución contraria, aconsejada por la tendencia a la ramificación y tortuosidad de fustes de la vegetación xerófila como respuesta a la sequedad. La tendencia actual, considerando la degradación de los suelos forestales, pobres en nutrientes, y sobre todo apoyándose en la escasez de precipitaciones, es pensar que nuestros montes no pueden soportar espaciamientos pequeños.
El Patrimonio Forestal del Estado, antiguo órgano encargado de las repoblaciones forestales en España, proyectaba 3.000 hoyos/ha en terrenos húmedos y 2.500 hoyos/ha en zonas secas. Posteriormente, el ICONA redujo esas densidades a 1.500 y 1.100 pies/ha, respectivamente, para ambientes húmedos y secos. Una buena referencia a los espaciamientos utilizados en la actualidad en nuestro país puede encontrarse en el programa de forestación de Castilla y León.
El riesgo de beber agua
"Cada 15 segundos muere un niño en el mundo a causa de alguna enfermedad originada por la falta de acceso al agua potable". Lo dice un informe de Cruz Roja, citado en un artículo de J. Brandoli (La Razón, 21/3/2008). En los países en desarrollo la diarrea causa el 21 % de las muertes en niños menores de cinco años. Para el conjunto de la población mundial, 4 millones de personas fallecen al año como consecuencia de enfermedades relacionadas con el consumo de agua no potable.
La causa, en la mayoría de los casos, es la contaminación del agua superficial y subterránea por bacterias. Esta es la forma más frecuente de contaminación del agua en países en vías de desarrollo. En países industrializados la contaminación del agua suele ser debida a productos químicos procedentes de vertidos industriales.
Las principales soluciones, en los países pobres, pasan por construir letrinas impermeables, crear zonas de lavado y duchas, sensibilizar a la población e instalar depuradoras.
Los miles de canales derivados del emblemático río Nilo, sólo ransportan aguas residuales, residuos sólidos, malos olores y bacterias. A pesar de que ya se están poniendo en marcha depuradoras, la medida preventiva más interesante y efectiva es sensibilizar a los habitantes de la zona de que no arrojen basura a las acequias.

Uno de los contaminados canales del Nilo, al fondo la pirámide de Sakkara (Foto: J.Mongil)
La causa, en la mayoría de los casos, es la contaminación del agua superficial y subterránea por bacterias. Esta es la forma más frecuente de contaminación del agua en países en vías de desarrollo. En países industrializados la contaminación del agua suele ser debida a productos químicos procedentes de vertidos industriales.
Las principales soluciones, en los países pobres, pasan por construir letrinas impermeables, crear zonas de lavado y duchas, sensibilizar a la población e instalar depuradoras.
Los miles de canales derivados del emblemático río Nilo, sólo ransportan aguas residuales, residuos sólidos, malos olores y bacterias. A pesar de que ya se están poniendo en marcha depuradoras, la medida preventiva más interesante y efectiva es sensibilizar a los habitantes de la zona de que no arrojen basura a las acequias.

Uno de los contaminados canales del Nilo, al fondo la pirámide de Sakkara (Foto: J.Mongil)
martes, 8 de abril de 2008
Nuevo paso para peces en Ricobayo
El presidente de la Sociedad de Pescadores “Valle de Iruelas” de Ávila, Luis Trujillo, nos envía a un grupo de amigos cada cierto tiempo noticias relacionadas con la pesca y la gestión piscícola. Hace unos días me envió la que os transcribo a continuación, referente a un nuevo modelo de paso para peces. Todas las nuevas presas, y también las antiguas, deberían tener una escala o paso para peces. Esperemos que este caso que se describe sirva como ejemplo.
"Iberdrola crea un primer prototipo de esclusa para peces en la presa del embalse de Ricobayo (Zamora). La compañía ha diseñado y desarrollado un primer prototipo de esclusa para peces en la presa del embalse de Ricobayo que permite la libre circulación de las especies piscícolas presentes en la zona. Este modelo de esclusa, totalmente novedoso en España, ha servido de referencia para futuras experiencias en obras transversales en ríos, de similares características. Gracias a este sistema de franqueo es posible atenuar el impacto negativo de los obstáculos a la libre circulación de las especies piscícolas migradoras, como barbos y bogas, de las que existe una gran variedad de poblaciones en el tramo del río Esla comprendido entre la presa del embalse de Ricobayo y el azud del aprovechamiento hidroeléctrico de Santa Eulalia de Tábara. La esclusa está compuesta de una cámara inferior, situada a pie del obstáculo y otra superior comunicadas por una rampa inclinada. Para el éxito del proyecto, en una primera fase se realizó un estudio de la situación actual de las poblaciones piscícolas y se definieron los requerimientos previos del nuevo prototipo. En una segunda fase, se procedió al diseño y la construcción del prototipo de esclusa del aprovechamiento de Santa Eulalia de Tábara, que quedó localizada en el cuerpo de la presa o azud adosada al edificio de la central, entre la salida de los grupos y el muro de protección del canal de desagüe. La esclusa está compuesta de una cámara inferior, situada a pie del obstáculo y otra superior. La comunicación entre las cámaras se realiza a través de una rampa inclinada capaz de superar la diferencia de cotas entre ambas. El principio básico de operación se basa en que los peces, atraídos y retenidos en la cámara inferior durante la fase de llamada o atracción, ascienden por la rampa inclinada hacia la cámara superior (fase de llenado), y abandonan la esclusa por la compuerta superior en la fase de salida. El accionamiento de las compuertas se realiza mediante tres servomotores de aceite a presión (uno por compuerta) suministrado desde un único grupo oleohidráulico ubicado en la sala situada a cota 685,50, encima de la sala de observación. Este puntero dispositivo incluye un sistema visual para el conteo e identificación de peces mediante técnicas de vídeo-grabación. Su principio consiste en hacer pasar a los peces por una zona en la que sean fácilmente identificables junto a una ventana situada lateralmente, en la que se sitúa una cámara y un equipo videograbador".
"Iberdrola crea un primer prototipo de esclusa para peces en la presa del embalse de Ricobayo (Zamora). La compañía ha diseñado y desarrollado un primer prototipo de esclusa para peces en la presa del embalse de Ricobayo que permite la libre circulación de las especies piscícolas presentes en la zona. Este modelo de esclusa, totalmente novedoso en España, ha servido de referencia para futuras experiencias en obras transversales en ríos, de similares características. Gracias a este sistema de franqueo es posible atenuar el impacto negativo de los obstáculos a la libre circulación de las especies piscícolas migradoras, como barbos y bogas, de las que existe una gran variedad de poblaciones en el tramo del río Esla comprendido entre la presa del embalse de Ricobayo y el azud del aprovechamiento hidroeléctrico de Santa Eulalia de Tábara. La esclusa está compuesta de una cámara inferior, situada a pie del obstáculo y otra superior comunicadas por una rampa inclinada. Para el éxito del proyecto, en una primera fase se realizó un estudio de la situación actual de las poblaciones piscícolas y se definieron los requerimientos previos del nuevo prototipo. En una segunda fase, se procedió al diseño y la construcción del prototipo de esclusa del aprovechamiento de Santa Eulalia de Tábara, que quedó localizada en el cuerpo de la presa o azud adosada al edificio de la central, entre la salida de los grupos y el muro de protección del canal de desagüe. La esclusa está compuesta de una cámara inferior, situada a pie del obstáculo y otra superior. La comunicación entre las cámaras se realiza a través de una rampa inclinada capaz de superar la diferencia de cotas entre ambas. El principio básico de operación se basa en que los peces, atraídos y retenidos en la cámara inferior durante la fase de llamada o atracción, ascienden por la rampa inclinada hacia la cámara superior (fase de llenado), y abandonan la esclusa por la compuerta superior en la fase de salida. El accionamiento de las compuertas se realiza mediante tres servomotores de aceite a presión (uno por compuerta) suministrado desde un único grupo oleohidráulico ubicado en la sala situada a cota 685,50, encima de la sala de observación. Este puntero dispositivo incluye un sistema visual para el conteo e identificación de peces mediante técnicas de vídeo-grabación. Su principio consiste en hacer pasar a los peces por una zona en la que sean fácilmente identificables junto a una ventana situada lateralmente, en la que se sitúa una cámara y un equipo videograbador".
jueves, 27 de marzo de 2008
Catálogo de materiales base para la repoblación forestal
La Junta de Castilla y León ha creado un catálogo de materiales base para la repoblación forestal, un instrumento básico para realizar repoblaciones con material vegetal con garantía de origen, y especies e individuos adaptados a las condiciones de clima y suelo de la región. Según la consejera de Medio Ambiente, María Jesús Ruiz, el Banco Regional de Materiales Forestales acumula una reserva de 67.000 kg de semilla que podría incrementarse hasta los 100.000 kg. Así mismo, el catálogo puede servir para evitar la entrada de especies exóticas, que a su vez podrían favorecer la entrada de plagas y enfermedades y generar desequilibrios en los ecosistemas. (ICAL, El Día de Valladolid).
sábado, 15 de marzo de 2008
viernes, 14 de marzo de 2008
Xeropaisajismo y oasificación
El agua en un recurso escaso que condiciona la vida y, por ello, limita el establecimiento artificial de una vegetación con fines paisajísticos. Por esta razón, el buen uso de este elemento es fundamental a la hora de diseñar un jardín en zonas con escasez de precipitaciones. Si se deja a un lado el empleo de riego artificial, que siempre requiere de una elevada inversión y un importante consumo de energía, la utilización de técnicas de recolección de agua y de oasificación y la elección adecuada de las especies vegetales a emplear, permite el diseño de jardines de forma sencilla y barata, aprovechando de forma racional y sostenible el agua.
Las técnicas de recolección de agua (water harvesting en la bibliografía anglosajona) consisten en crear estructuras que recojan agua para suministrar un suplemento hídrico a las plantas. La oasificación (neologismo recientemente introducido), apoyándose en estos ancestrales métodos, los mejora tecnológicamente y los amplía, propugnando el establecimiento de una vegetación leñosa que frene los negativos efectos de los procesos erosivos.
De hecho, las técnicas de recolección de agua se vienen utilizando en la creación de jardines en zonas secas. Puede ponerse como ejemplo la construcción de los tradicionales alcorques en los árboles de los jardines, que recogen y almacenan el agua de lluvia y en algunos casos también de escorrentía. También son destacables las iniciativas desarrolladas con éxito en Estados Unidos, especialmente en Arizona, en las que se proponen los tejados de las casas como áreas de impluvio (véase el dibujo adjunto), captadoras de agua para suministrarlo a las plantas de los jardines; o el diseño adecuado de los espacios verdes, identificando y creando áreas de impluvio y áreas de recepción, siendo en estas últimas donde se instalan las plantas.

Tradicionales alcorques en un jardín de Granada
En este contexto, Martínez de Azagra y colaboradores (oasificacion.com) han desarrollado el programa informático MODIPÉ, que permite el diseño de sistemas de oasificación, gracias a una simulación hidrológica de la ladera a restaurar, y al cálculo preciso de las disponibilidades hídricas de las plantas. MODIPÉ está especialmente creado para el diseño de repoblaciones forestales en zonas áridas o semiáridas, y sin embargo, es muy útil también para el diseño de restauraciones y revegetaciones de taludes y laderas de jardines, obras públicas y vías de comunicación, en zonas secas.
La xerojardinería es la jardinería propia de las zonas más secas, aunque este término se refiere actualmente a la jardinería autosuficiente, sostenible, que optimiza al máximo los recursos disponibles, especialmente el agua. En la xerojardinería se trata de no “mimar” a las plantas, porque la adaptación a climas secos y la resistencia a la sequía es una cuestión genética y tiene también una parte de “aprendizaje”. Una recomendación de la xerojardinería es la de no utilizar césped en los jardines mediterráneos, porque consume una gran cantidad de agua. Es mejor que se sustituya por un “verde” más sostenible, como el de las plantas tapizantes.
También en Estados Unidos se introdujo la palabra “xeriscape” (que en español se puede traducir por xeropaisajismo). Se trata de un paisajismo en el que prima la conservación del agua empleando sistemas y especies que optimicen y minimicen el consumo de este recurso. Frente al despilfarro de agua, la xerojardinería y el xeropaisajismo proponen unas pautas ecológicas, para crear unos espacios naturales urbanos basados en la eficiencia de los recursos naturales, especialmente del agua. Según sus defensores, un jardín diseñado y mantenido con estos criterios consume una cuarta parte del agua de riego de un jardín convencional.
El origen de la xerojardinería se remonta a las graves sequías ocurridas en el oeste de Estados Unidos en los años 70. Un equipo de expertos del Departamento de Aguas de Denver creó un programa de conservación de agua en jardinería, e ideó en 1981 el término "xeriscape", un acrónimo de "xeros" (seco) y "landscape" (jardín). En 1986 se fundó el National Xeriscape Council, organización sin ánimo de lucro que tiene como objetivo difundir y establecer las pautas básicas de aplicación de la xerojardinería.
Desde la xerojardinería se plantean una serie de consejos para ahorrar agua al máximo:
- Utilización de recubrimientos ("mulching"), que permite reducir la pérdida de agua por evaporación, reduce la erosión y la aparición de malas hierbas, además de proporcionar un buen resultado estético.
- Creación de zonas sombreadas y pantallas verdes, que evitan las pérdidas de agua y atenúan el viento.
- Aprovechamiento del agua de la lluvia, para lo que se recomienda plantar en otoño, si es posible, para que las plantas aprovechen las lluvias de invierno. Así mismo, se deben aprovechar fuentes de agua distintas de la red urbana de abastecimiento (por ejemplo, sistemas de recolección de agua), porque no es necesario que el agua de riego sea potable.

Las técnicas de recolección de agua (water harvesting en la bibliografía anglosajona) consisten en crear estructuras que recojan agua para suministrar un suplemento hídrico a las plantas. La oasificación (neologismo recientemente introducido), apoyándose en estos ancestrales métodos, los mejora tecnológicamente y los amplía, propugnando el establecimiento de una vegetación leñosa que frene los negativos efectos de los procesos erosivos.
Problemas de erosión hídrica en jardines
En concreto, la oasificación consiste en la construcción de pequeñas estructuras de tierra para recoger e infiltrar la precipitación y la escorrentía (y con ella nutrientes y materia orgánica), por modificación de la fisiografía de la ladera; de esta manera se mejoran las condiciones hídricas del suelo y se establece y desarrolla una vegetación leñosa que invierta el proceso de desertificación. Si esta filosofía se está aplicando ya a la restauración forestal, ¿por qué no hacerlo al paisajismo o a la restauración de taludes en zonas secas?.
En concreto, la oasificación consiste en la construcción de pequeñas estructuras de tierra para recoger e infiltrar la precipitación y la escorrentía (y con ella nutrientes y materia orgánica), por modificación de la fisiografía de la ladera; de esta manera se mejoran las condiciones hídricas del suelo y se establece y desarrolla una vegetación leñosa que invierta el proceso de desertificación. Si esta filosofía se está aplicando ya a la restauración forestal, ¿por qué no hacerlo al paisajismo o a la restauración de taludes en zonas secas?.
Oasificación contra desertificación
De hecho, las técnicas de recolección de agua se vienen utilizando en la creación de jardines en zonas secas. Puede ponerse como ejemplo la construcción de los tradicionales alcorques en los árboles de los jardines, que recogen y almacenan el agua de lluvia y en algunos casos también de escorrentía. También son destacables las iniciativas desarrolladas con éxito en Estados Unidos, especialmente en Arizona, en las que se proponen los tejados de las casas como áreas de impluvio (véase el dibujo adjunto), captadoras de agua para suministrarlo a las plantas de los jardines; o el diseño adecuado de los espacios verdes, identificando y creando áreas de impluvio y áreas de recepción, siendo en estas últimas donde se instalan las plantas.

Tradicionales alcorques en un jardín de Granada
En este contexto, Martínez de Azagra y colaboradores (oasificacion.com) han desarrollado el programa informático MODIPÉ, que permite el diseño de sistemas de oasificación, gracias a una simulación hidrológica de la ladera a restaurar, y al cálculo preciso de las disponibilidades hídricas de las plantas. MODIPÉ está especialmente creado para el diseño de repoblaciones forestales en zonas áridas o semiáridas, y sin embargo, es muy útil también para el diseño de restauraciones y revegetaciones de taludes y laderas de jardines, obras públicas y vías de comunicación, en zonas secas.
Portada del programa informático MODIPÉ (oasificación.com)
La xerojardinería es la jardinería propia de las zonas más secas, aunque este término se refiere actualmente a la jardinería autosuficiente, sostenible, que optimiza al máximo los recursos disponibles, especialmente el agua. En la xerojardinería se trata de no “mimar” a las plantas, porque la adaptación a climas secos y la resistencia a la sequía es una cuestión genética y tiene también una parte de “aprendizaje”. Una recomendación de la xerojardinería es la de no utilizar césped en los jardines mediterráneos, porque consume una gran cantidad de agua. Es mejor que se sustituya por un “verde” más sostenible, como el de las plantas tapizantes.
También en Estados Unidos se introdujo la palabra “xeriscape” (que en español se puede traducir por xeropaisajismo). Se trata de un paisajismo en el que prima la conservación del agua empleando sistemas y especies que optimicen y minimicen el consumo de este recurso. Frente al despilfarro de agua, la xerojardinería y el xeropaisajismo proponen unas pautas ecológicas, para crear unos espacios naturales urbanos basados en la eficiencia de los recursos naturales, especialmente del agua. Según sus defensores, un jardín diseñado y mantenido con estos criterios consume una cuarta parte del agua de riego de un jardín convencional.
El origen de la xerojardinería se remonta a las graves sequías ocurridas en el oeste de Estados Unidos en los años 70. Un equipo de expertos del Departamento de Aguas de Denver creó un programa de conservación de agua en jardinería, e ideó en 1981 el término "xeriscape", un acrónimo de "xeros" (seco) y "landscape" (jardín). En 1986 se fundó el National Xeriscape Council, organización sin ánimo de lucro que tiene como objetivo difundir y establecer las pautas básicas de aplicación de la xerojardinería.
Desde la xerojardinería se plantean una serie de consejos para ahorrar agua al máximo:
- Utilización de recubrimientos ("mulching"), que permite reducir la pérdida de agua por evaporación, reduce la erosión y la aparición de malas hierbas, además de proporcionar un buen resultado estético.
- Creación de zonas sombreadas y pantallas verdes, que evitan las pérdidas de agua y atenúan el viento.
- Aprovechamiento del agua de la lluvia, para lo que se recomienda plantar en otoño, si es posible, para que las plantas aprovechen las lluvias de invierno. Así mismo, se deben aprovechar fuentes de agua distintas de la red urbana de abastecimiento (por ejemplo, sistemas de recolección de agua), porque no es necesario que el agua de riego sea potable.

martes, 11 de marzo de 2008
La palabra es agua
El agua, del latín aqua, “es una sustancia formada por la combinación de un volumen de oxígeno y dos de hidrógeno, líquida, inodora, insípida, en pequeña cantidad incolora y verdosa o azulada en grandes masas. Es el componente más abundante de la superficie terrestre y más o menos puro, forma la lluvia, las fuentes, los ríos y los mares; es parte constituyente de todos los organismos vivos y aparece en compuestos naturales; y, como agua de cristalización, en muchos cristales” (diccionario de la R.A.E.).
Es un compuesto de gran importancia en la cultura y en la filosofía. Tal es así, que la Revista de Occidente, editada por la Fundación José Ortega y Gasset, le dedicó un número monográfico titulado “Los sentidos del agua” (nº 306, noviembre 2006). En este ejemplar, Jorge Lozano lo destaca como elemento vital, que es lo primero en todas las civilizaciones. Por ejemplo, en el primer capítulo del Génesis se dice “haya un firmamento en medio de las aguas, que las esté separando unas de otras”; igualmente en el Corán, aparece que “todo lo que vive en la tierra fue creado por el agua”. También en las civilizaciones egipcias y aztecas el agua es el origen de la vida.
Para Goethe “el alma del hombre se parece al agua”, y para Brodski “el agua es tiempo”. Pero termino destacando lo que nos dice María Zambrano: “la palabra es agua”.
¿Y qué es si no este humilde blog, más que palabra y agua?
Es un compuesto de gran importancia en la cultura y en la filosofía. Tal es así, que la Revista de Occidente, editada por la Fundación José Ortega y Gasset, le dedicó un número monográfico titulado “Los sentidos del agua” (nº 306, noviembre 2006). En este ejemplar, Jorge Lozano lo destaca como elemento vital, que es lo primero en todas las civilizaciones. Por ejemplo, en el primer capítulo del Génesis se dice “haya un firmamento en medio de las aguas, que las esté separando unas de otras”; igualmente en el Corán, aparece que “todo lo que vive en la tierra fue creado por el agua”. También en las civilizaciones egipcias y aztecas el agua es el origen de la vida.
Para Goethe “el alma del hombre se parece al agua”, y para Brodski “el agua es tiempo”. Pero termino destacando lo que nos dice María Zambrano: “la palabra es agua”.
¿Y qué es si no este humilde blog, más que palabra y agua?
Dos blogs interesantes: el de Juanjo Ibáñez y el de Antón Uriarte
Hay dos blogs tremendamente interesantes habitando en la red, indispensables para los que trabajamos en temas medioambientales.
Uno es el de Antón Uriarte (http://antonuriarte.blogspot.com/), un clásico ya sobre el cambio climático, que trata el asunto con independencia y sólidos fundamentos científicos.
El otro es el titulado “Un universo invisible bajo nuestros pies”, que mantiene estupendamente Juanjo Ibáñez (http://weblogs.madrimasd.org/universo/). Lo componen cientos de artículos sobre edafología y temas afines, con exquisito rigor científico y patente valor pedagógico. En este momento se ha convertido en una inevitable fuente de información en materia de suelos, y lugar de referencia para del debate y el contraste de conocimientos e ideas.
Sin duda estas bitácoras son motivo de agradecimiento y felicitación a sus autores. Y desde estas líneas animo a todos a visitarlas y disfrutarlas.
Uno es el de Antón Uriarte (http://antonuriarte.blogspot.com/), un clásico ya sobre el cambio climático, que trata el asunto con independencia y sólidos fundamentos científicos.
El otro es el titulado “Un universo invisible bajo nuestros pies”, que mantiene estupendamente Juanjo Ibáñez (http://weblogs.madrimasd.org/universo/). Lo componen cientos de artículos sobre edafología y temas afines, con exquisito rigor científico y patente valor pedagógico. En este momento se ha convertido en una inevitable fuente de información en materia de suelos, y lugar de referencia para del debate y el contraste de conocimientos e ideas.
Sin duda estas bitácoras son motivo de agradecimiento y felicitación a sus autores. Y desde estas líneas animo a todos a visitarlas y disfrutarlas.
sábado, 8 de marzo de 2008
Desaparecerá el 25 % de las plantas del área mediterránea
Según Osvaldo Sala, catedrático de Biología de la Universidad de Brown (Estados Unidos) y autor principal de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (informe encargado por la ONU y elaborado por 1.360 expertos de 95 países), entre un 20 y un 25 % de las especies de plantas del área mediterránea se extinguirán antes del año 2050, ya que estos ecosistemas experimentarán las mayores pérdidas de biodiversidad debido a su sensibilidad a los cambios, especialmente en el uso del suelo.
Los estudios de Sala no predicen lo que sucederá en el futuro, sino que definen caminos alternativos, y para ello identificó los cinco factores más importantes que determinarán los cambios en los ecosistemas: la concentración atmosférica de CO2, la deposición de nitrógeno y la lluvia ácida, la invasión de especies exóticas y los cambios de uso del suelo -la deforestación en los países pobres y la urbanización en los ricos-.
Este último factor, junto a las invasiones biológicas, constituye la mayor amenaza y puede provocar extinciones masivas de fauna y flora en los bosques tropicales y templados.
Fuente: EFE/Diario de Ávila (7 marzo 2008)
Los estudios de Sala no predicen lo que sucederá en el futuro, sino que definen caminos alternativos, y para ello identificó los cinco factores más importantes que determinarán los cambios en los ecosistemas: la concentración atmosférica de CO2, la deposición de nitrógeno y la lluvia ácida, la invasión de especies exóticas y los cambios de uso del suelo -la deforestación en los países pobres y la urbanización en los ricos-.
Este último factor, junto a las invasiones biológicas, constituye la mayor amenaza y puede provocar extinciones masivas de fauna y flora en los bosques tropicales y templados.
Fuente: EFE/Diario de Ávila (7 marzo 2008)
viernes, 7 de marzo de 2008
La página oasificacion.com
Lleva ya varios meses funcionando con gran éxito la página www.oasificacion.com, que presenta este nuevo concepto y otras herramientas de restauración forestal en zonas áridas.
La oasificación es el proceso contrario a la desertificación.
No se trata de describir el problema (desertificación) sino de aportar soluciones (oasificación).
Mediante técnicas acertadas de recolección de agua, suelo y nutrientes se puede revertir la desertización, incluso en situaciones extremas.
En esta página web se ofrece una primera herramienta informática, MODIPÉ, que ayuda a tomar las decisiones más convenientes para oasificar, es decir: para restaurar territorios desertizados por erosión hídrica (= por aridez edáfica).
Se dispone de bastante material práctico, técnico y científico que se comparte y facilita a través de la red.
La página la mantiene un equipo de investigadores de la Universidad de Valladolid, Universidad Católica de Ávila, Junta de Castilla y León y Ministerio de Medio Ambiente, entre los que me encuentro.

Oasificación frente a desertificación
La oasificación es el proceso contrario a la desertificación.
No se trata de describir el problema (desertificación) sino de aportar soluciones (oasificación).
Mediante técnicas acertadas de recolección de agua, suelo y nutrientes se puede revertir la desertización, incluso en situaciones extremas.
En esta página web se ofrece una primera herramienta informática, MODIPÉ, que ayuda a tomar las decisiones más convenientes para oasificar, es decir: para restaurar territorios desertizados por erosión hídrica (= por aridez edáfica).
Se dispone de bastante material práctico, técnico y científico que se comparte y facilita a través de la red.
La página la mantiene un equipo de investigadores de la Universidad de Valladolid, Universidad Católica de Ávila, Junta de Castilla y León y Ministerio de Medio Ambiente, entre los que me encuentro.

Oasificación frente a desertificación
Introducción a la metodología de diseño de restauraciones forestales FOREST
La repoblación forestal en zonas áridas, semiáridas y secas subhúmedas supone un instrumento básico de lucha contra la desertificación. Con ella se consigue la protección del suelo y la conservación del agua en estas zonas, que superficialmente ocupan unos dos tercios de nuestro país y muchos millones de hectáreas en todo el mundo.
Para que la repoblación tenga éxito, se requiere una preparación previa del terreno, que garantice la satisfacción de las necesidades hídricas de las plantas instaladas en sus primeros años de desarrollo, que suelen ser los más críticos. La preparación pretende mejorar las condiciones del suelo para favorecer la instalación de los pequeños árboles recién implantados. Es decir, es un medio transitorio y necesario para lograr que se establezca una comunidad vegetal ecológicamente estable.
Es preciso dimensionar bien la repoblación en cuanto a tres aspectos fundamentales: el tamaño o volumen del microembalse de agua en el cual se sitúa la planta, la relación entre el área de impluvio y el área de recepción (es decir, el cociente óptimo entre una superficie productora de escorrentía que alimenta a otra receptora de agua) y la densidad de plantación. Estos tres datos cruciales, aunque conocidos, nunca han sido objeto de un estudio exhaustivo en el ámbito de las repoblaciones forestales, sino que más bien se han venido fijando en base a la experiencia del ingeniero o a ciertas recetas bibliográficas dudosamente extrapolables fuera de las condiciones ecológicas donde surgieron.
España tiene una gran tradición y experiencia en la revegetación de laderas degradadas, y ha empleado numerosos tratamientos de preparación del suelo (Navarro, 1977; García Salmerón, 1991, 1995; Serrada, 1993; Pemán & Navarro, 1998). Con la creación, hace más de cien años, de las Divisiones Hidrológico-Forestales se inició la época de las grandes repoblaciones forestales en nuestro país. Su trabajo, aunque no extenso en cuanto a superficie, puede calificarse de ejemplar sobre todo en lo que a la protección contra la erosión se refiere. Sirvan como ejemplos, dentro de ámbitos de aridez, las labores realizadas en las cuencas del Guadalmedina y Guadalhorce (en Málaga) o Andárax (en Almería).
En muchas restauraciones hidrológico-forestales se han empleado técnicas de cosechas de agua. Este término, introducido en inglés –water harvesting- por Geddes (1963), ha sido desde entonces ampliamente utilizado (Boers & Ben-Asher, 1982; Critchley & Siegert, 1991; entre otros) y adaptado a la lengua hispana por Villanueva et al. (1987), Giráldez et al. (1988), De Simón (1990), Martínez de Azagra (1995b), García Latorre (1998), etc. La mencionada técnica consiste en recoger la escorrentía superficial y concentrarla en determinadas zonas, modificando el microrrelieve de una ladera, con la finalidad de conseguir un aporte de agua suficiente para la supervivencia y el correcto desarrollo de las plantas. Con la modificación de la topografía de la vertiente, mediante la creación de alcorques o microembalses bien dimensionados, se consigue incrementar la infiltración, frenando la escorrentía y reduciendo la erosión hídrica.
A pesar de tratarse de un método tradicional con amplias posibilidades actuales, como se ha dicho, hasta hace pocos años no existía ningún modelo hidrológico que resolviera de manera satisfactoria el dimensionado de las estructuras captadoras de escorrentía para su utilización en repoblaciones forestales, sino que se navegaba en el más absoluto empirismo. Es en 1995 cuando aparece, dentro del marco del proyecto LUCDEME (Lucha contra la Desertificación en el Mediterráneo), el modelo MODIPÉ (Martínez de Azagra, 1995b, 1996), que palia en gran medida la carencia señalada. El uso de este modelo se ha ido extendiendo de manera paulatina, tanto en el ámbito universitario (Pemán & Navarro, 1998) como en el ámbito de la gestión forestal, pero aún es bastante desconocido por ingenieros y gestores de montes, pese a su innegable interés. Al mismo tiempo, después de varios años de existencia, se ha constatado la necesidad de incorporar MODIPÉ a un programa más amplio de diseño de repoblaciones forestales, que no se quede en el dimensionado del microembalse –y no sólo utilizando para este fin el criterio de economía del agua-, sino que trate también otras cuestiones importantes como por ejemplo la densidad de plantación. En este sentido, se ha desarrollado una metodología de diseño de restauraciones forestales en zonas áridas y semiáridas, basada en la recolección de agua (Mongil, 2004; Mongil & Martínez de Azagra, 2006), cuyos objetivos son los siguientes:
1) Establecer unos criterios para fijar el dimensionado del microembalse en repoblación forestal de zonas áridas, desarrollando metodologías, según cada uno de los criterios anteriores, que una vez integradas lleven a la determinación del tamaño adecuado del alcorque. Con ello se pretende llegar a una solución óptima, que permita la supervivencia y desarrollo de la repoblación, alterando lo mínimo posible el microrrelieve de la ladera original.
2) Elaborar una metodología para determinar la adecuada proporción entre el área de impluvio y el área de recepción. Es decir, fijar la superficie productora de escorrentía, que provea de agua a la superficie colectora en la que se construye el microembalse y se instala la planta.
3) Plantear las ecuaciones que permitan, a partir de los datos anteriores, calcular la densidad de plantación, que vendrá determinada en gran medida por la relación entre el área de impluvio y el área de recepción.
Para que la repoblación tenga éxito, se requiere una preparación previa del terreno, que garantice la satisfacción de las necesidades hídricas de las plantas instaladas en sus primeros años de desarrollo, que suelen ser los más críticos. La preparación pretende mejorar las condiciones del suelo para favorecer la instalación de los pequeños árboles recién implantados. Es decir, es un medio transitorio y necesario para lograr que se establezca una comunidad vegetal ecológicamente estable.
Es preciso dimensionar bien la repoblación en cuanto a tres aspectos fundamentales: el tamaño o volumen del microembalse de agua en el cual se sitúa la planta, la relación entre el área de impluvio y el área de recepción (es decir, el cociente óptimo entre una superficie productora de escorrentía que alimenta a otra receptora de agua) y la densidad de plantación. Estos tres datos cruciales, aunque conocidos, nunca han sido objeto de un estudio exhaustivo en el ámbito de las repoblaciones forestales, sino que más bien se han venido fijando en base a la experiencia del ingeniero o a ciertas recetas bibliográficas dudosamente extrapolables fuera de las condiciones ecológicas donde surgieron.
España tiene una gran tradición y experiencia en la revegetación de laderas degradadas, y ha empleado numerosos tratamientos de preparación del suelo (Navarro, 1977; García Salmerón, 1991, 1995; Serrada, 1993; Pemán & Navarro, 1998). Con la creación, hace más de cien años, de las Divisiones Hidrológico-Forestales se inició la época de las grandes repoblaciones forestales en nuestro país. Su trabajo, aunque no extenso en cuanto a superficie, puede calificarse de ejemplar sobre todo en lo que a la protección contra la erosión se refiere. Sirvan como ejemplos, dentro de ámbitos de aridez, las labores realizadas en las cuencas del Guadalmedina y Guadalhorce (en Málaga) o Andárax (en Almería).
En muchas restauraciones hidrológico-forestales se han empleado técnicas de cosechas de agua. Este término, introducido en inglés –water harvesting- por Geddes (1963), ha sido desde entonces ampliamente utilizado (Boers & Ben-Asher, 1982; Critchley & Siegert, 1991; entre otros) y adaptado a la lengua hispana por Villanueva et al. (1987), Giráldez et al. (1988), De Simón (1990), Martínez de Azagra (1995b), García Latorre (1998), etc. La mencionada técnica consiste en recoger la escorrentía superficial y concentrarla en determinadas zonas, modificando el microrrelieve de una ladera, con la finalidad de conseguir un aporte de agua suficiente para la supervivencia y el correcto desarrollo de las plantas. Con la modificación de la topografía de la vertiente, mediante la creación de alcorques o microembalses bien dimensionados, se consigue incrementar la infiltración, frenando la escorrentía y reduciendo la erosión hídrica.
A pesar de tratarse de un método tradicional con amplias posibilidades actuales, como se ha dicho, hasta hace pocos años no existía ningún modelo hidrológico que resolviera de manera satisfactoria el dimensionado de las estructuras captadoras de escorrentía para su utilización en repoblaciones forestales, sino que se navegaba en el más absoluto empirismo. Es en 1995 cuando aparece, dentro del marco del proyecto LUCDEME (Lucha contra la Desertificación en el Mediterráneo), el modelo MODIPÉ (Martínez de Azagra, 1995b, 1996), que palia en gran medida la carencia señalada. El uso de este modelo se ha ido extendiendo de manera paulatina, tanto en el ámbito universitario (Pemán & Navarro, 1998) como en el ámbito de la gestión forestal, pero aún es bastante desconocido por ingenieros y gestores de montes, pese a su innegable interés. Al mismo tiempo, después de varios años de existencia, se ha constatado la necesidad de incorporar MODIPÉ a un programa más amplio de diseño de repoblaciones forestales, que no se quede en el dimensionado del microembalse –y no sólo utilizando para este fin el criterio de economía del agua-, sino que trate también otras cuestiones importantes como por ejemplo la densidad de plantación. En este sentido, se ha desarrollado una metodología de diseño de restauraciones forestales en zonas áridas y semiáridas, basada en la recolección de agua (Mongil, 2004; Mongil & Martínez de Azagra, 2006), cuyos objetivos son los siguientes:
1) Establecer unos criterios para fijar el dimensionado del microembalse en repoblación forestal de zonas áridas, desarrollando metodologías, según cada uno de los criterios anteriores, que una vez integradas lleven a la determinación del tamaño adecuado del alcorque. Con ello se pretende llegar a una solución óptima, que permita la supervivencia y desarrollo de la repoblación, alterando lo mínimo posible el microrrelieve de la ladera original.
2) Elaborar una metodología para determinar la adecuada proporción entre el área de impluvio y el área de recepción. Es decir, fijar la superficie productora de escorrentía, que provea de agua a la superficie colectora en la que se construye el microembalse y se instala la planta.
3) Plantear las ecuaciones que permitan, a partir de los datos anteriores, calcular la densidad de plantación, que vendrá determinada en gran medida por la relación entre el área de impluvio y el área de recepción.
jueves, 6 de marzo de 2008
Bienvenida
Bienvenidos a todos los lectores de este blog sobre Hidrología y Conservación de Suelos. Mi nombre es Jorge Mongil, soy Doctor Ingeniero de Montes, y profesor de la Universidad Católica de Ávila (España). Los temas que se tratarán aquí serán, principalmente: Hidrología, Hidrología e Hidráulica Forestal, Restauración Hidrologico-Forestal, Oasificación, Restauración de Ríos y Riberas, Caudales Ecológicos, Restauración de le Vegetación, Erosión, Conservación de Suelos y Aguas, Edafología, etc. Espero que éste sea un lugar de encuentro de personas interesadas en estos temas, y que participéis de forma intensa y apasionada.
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